‘Los lobos’ de Samuel Kishi Leopo: la creación de la manada

Cuando Samuel Kishi se refiere a todo el equipo que participó en el proceso creativo de Los lobos —desde guionistas a publicistas, pasando por producción, actores, staff, aliados— habla de la manada.

 

Una manada fue el pequeño grupo que se creó con su madre y su hermano, cuando décadas atrás cruzaron la frontera para buscar un mejor futuro. Esta aventura autobiográfica ahora es una conmovedora película sobre la familia, el crecimiento, el tránsito entre ser forasteros a formar parte de una comunidad. 

 

Los lobos es eso: la crónica de cómo una madre con sus niños se insertan en una comunidad y se hacen conscientes de su condición de manada para sobrevivir y vivir en plenitud, en ferias alegres semejantes a Disneylandia.

 

A un año de su estreno en la Berlinale, Los lobos ha ganado todos los premios posibles, en todos los festivales del mundo. Falta el más importante: convocar a las audiencias mexicanas, que hagan suya esta historia de familia, de comunidad, de manada. 

 

El punto de partida de Los lobos es autobiográfico, ¿cómo trabajas con tus guionistas, Sofía Gómez-Córdoba y Luis Briones, para que esté recuerdo se vuelva una película?

Trabajábamos un primer tratamiento cuando sentí la necesidad de investigar no nada más mi propia historia, sino entrevistar a mi madre, saber su punto de vista y también de mi hermano. Esto fue robusteciendo el guión, pero no era suficiente.

Regrese a Santa Ana, California, donde ocurrió la historia. Tengo familiares que viven allá, una prima fotógrafa, Yuli Leopo, nos contactó con personas de la comunidad. Hablando con ellos llegamos a este punto donde todos nos sentíamos fantasmas. El sistema los hace invisibles, me interesaba capturar eso en la película. También en qué momento un espacio frío y vacío se puede convertir en un lugar cálido al que llamamos hogar.

Por cuestiones de presupuesto era difícil filmar en Santa Ana. Nos fuimos a Nuevo México. Allá encontré un espejo del Santa Ana de los años ochenta. La película se desarrolla en un barrio que le dicen The War Zone, establecí contacto con distintos miembros de la comunidad y eso abrió otro panorama.

El trabajo de la fotógrafa Mary Ellen Mark y su labor en la comunidad en Seattle, sus retratos o su documental Streetwise, me inspiró muchísimo. Lo autobiográfico empezó a mezclarse con estos códigos documentales, que es algo que me interesaba mucho en cuanto a la ficción.

 

Cuando hablamos de cine de migración tenemos dos extremos: o un relato sórdido, con violencia y drogas; o se vuelve ejemplar, el que triunfa y cuenta su historia de superación. Los lobos se sitúa en la normalidad de los que migran y están en el jale. Había un propósito, imagino, de quedarte en esta zona.

No queríamos hacer una película feeling good, tampoco la queríamos dentro de la porno-miseria.

Quería hacer una película tierna, es extraño pensar en la ternura en el cine latinoamericano, que estamos acostumbrados a la mega obscuridad, pero quería hacer una película tierna como un acto punk, contarlo de esta manera, que exista la sombra pero también la luz.

Creo mucho en esta frase de Emilio Fourment: “di la verdad sin ser aburrido”, eso me interesaba, no nada más hacer un cine de nicho, para festivales y críticos. Creo en ese cine puente que puede abrir puertas o llevarte a otros lugares, más que en un cine especializado.

 

‘Los lobos’, Dir. Samuel Kishi

 

Hay una constante del coming of age o película de crecimiento en tus historias, ¿por qué el interés especial en contar estos personajes?

Las coming of age son universales. Los lobos es un drama migratorio pero con estos toques de coming of age. Es la historia de un niño que se va dando cuenta de las razones de su madre y quién fue su padre, dejan de ser solamente sus papás.

Pensando en esto del coming of age, me di cuenta de algo en los ensayos. Leo, el más pequeño de los hermanos, no sabía abrocharse las cintas de los zapatos, hacía berrinche se los aventaba a Martha y a Max. Pensé que era interesante ponerle eso al personaje, que fuera su curvita dramática. Parece una cosa pequeñita pero puede ser grandísima. Pensaba en este personaje abrochándose la cinta de los zapatos y lo que significa cuando aprendes a hacerlo, un pasito más a la independencia, a no estar chingando a tu mamá y beneficiar a la manada.

 

¿Y Leo aprendió a abrocharse los zapatos?

Aprendió durante el rodaje. Yo me ponía con Leo en los ensayos y él se desesperaba muchísimo pero aprendió, es una cosa orgánica y real, porque cuando aprende a abrocharse las cintas de los zapatos en la película aprendió a abrocharse las cintas de la vida real. Eso es muy lindo, son esas cosas maravillosas del cine.

 

 

Hablando de Max y Leo, quería preguntarte sobre dirigir actores, obviamente ellos pero también a la comunidad, que no son actores, sino gente que fuiste captando.

El casting duró seis meses, vimos casi mil niños pero también a los padres, porque eran importantes, iban a ser nuestros aliados en todo momento.

Seleccionamos seis niños con los que Martha (Reyes Arias) y yo hicimos un taller, vimos ejercicios de improvisación y actuación para la cámara. Seleccionamos a Max y otro niño, fueron a otro taller con Fátima Toledo de casi cuatro semanas.

En el proceso el niño más pequeño renunció a la película. Nos quedamos sin el hermano menor pero en los ensayos rondaba Leo.  Él hizo casting pero lo hizo tapándose los ojos y pensé que era muy bebé. Un día Leo se metió al cuarto de ensayos y Martha le dijo: “A ver bebé vente, te voy a llevar con tu mamá”. Su mamá respondió: “¿Cuál bebé? Este animalón ya tiene cinco años”. Entonces le digo a Leo: “Vente, vamos a un ensayo, ¿te late?” Comenzamos los ensayos y la experiencia de cinco años de amor y madrazos entre hermanos ahí estaba, ahí estaba la magia.

 

A un año de haber estrenado y con una gran cantidad de reconocimientos, ¿cómo cambia tu concepción de la película?

Con la pandemia obtuvo nuevas miradas. La película trata de dos niños que el 80% de la película están encerrados en un departamento, viendo al mundo a través de una ventana, con la incertidumbre de si van a volver a la escuela. Cuando comenzó a moverse la película empecé a recibir comentarios llenos de empatía, que enviaba gente que la había visto en Bulgaria, Francia, China, Taiwán, donde hablaban del encierro, de cómo entendían a estos niños. Ha sido muy lindo que haya generado ese tipo de diálogo, decirles que esto es la realidad de muchísimos niñas y niños migrantes que ahí están con la incertidumbre.

La pandemia también nos enseñó a adaptarnos como realizadores y productores, la película estuvo a punto de estrenarse varias veces pero se iba postergando, eso nos ayudó a repensar la distribución y exhibición. Hablaba mucho con todo el equipo, con Fernando, con Ramsés, los distribuidores en Maticora, con Mónica Lozano, les decía que la película tenía que ser muy cercana en todo momento. No quiero que nos vean como una película de festivales, quiero que digan ‘vamos en familia’ y que genere diálogos, eso me encantaría que ocurriera.

Son muy lindos los festivales, los premios ayudan, pero se me hace mágico cuando el cine genera diálogo y nos damos cuenta de que estamos hablando de nuestra vida, de nuestros carnales, de nuestros papás. Estoy contento de que empezamos a trabajar de manera sólida, como manada. Necesitamos mucha libertad y estamos bien pinches contentos de experimentar y arriesgarnos

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Me gusta esta zona en la que se quiere una película de calidad pero también hablar con los vecinos, con la gente del metro, y sobre todo Los lobos, que tiene mucha onda familiar.

Se me hace bien chido ver películas mexicanas donde sientas que es parte de tu idiosincrasia, de tus amores, de tu sufrimiento, que forma parte de ti y de tu sociedad. Sentirte representado es invaluable. Me encantaría aportar a la crónica de nuestro México, que a los espectadores les toca decidir si la película es buena o mala, pero que al menos pueda formar parte de algo hasta antropológico, que en un momento puedas decir así era el mundo en el 2021, 2020, de esto nos reíamos, esto nos dolía. Me siento esperanzado de que podamos tener un cine cada vez más plural, con más voces de toda la república, porque a todos enriquece esta visión de nuestro país de nuestra sociedad, de nuestras lenguas, de todo.

‘Los lobos’, Dir. Samuel Kishi

Los lobos (México, 2019). Dirección: Samuel Kishi. Guion: Samuel Kishi, Luis Briones, Sofía Gómez-Córdova. Producción: Animal de Luz Films / Alebrije Cine y Video / Cebolla Films / EFICINE 226. Fotografía: Octavio Arauz. Música: Kenji Kishi. Reparto: Martha Lorena Reyes, Maximiliano Nájar Márquez, Leonardo Nájar Márquez, Cici Lau, Johnson T. Lau, Kevin Medina, Josiah Grado, Marvin Ramírez, Alejandro Banteah, Edwin Ramírez, Aylin Payen, Shacty Díaz, María Teresa Herrera, Amy Puente.