‘El inicio’, de Ricardo Braojos: tres solitarios entre la playa y las dunas
16 de junio, 2026.
Por Carlos Ramón Morales
Playa Juan Ángel es un pueblo con apenas 95 habitantes. Tiene un mar agreste y altas dunas que vuelven arena a las personas. Ahí llega Pilar, busca el refugio en la vieja casa de sus vacaciones adolescentes, tras abandonar a su marido. Y ahí encuentra a Luis, un amigo de aquellos tiempos. Y en casa de Luis vive Miguel, aspirante a escritor que no logra vencer la página en blanco. Playa y casas crean un limbo, en el que Pilar, Luis y Miguel coinciden en el impasse. Acaso la playa les ayude a recuperar sus identidades y forjar el inicio de sus vidas.
Película de reflexiones y vacíos, de encuentros y desalientos, El inicio, de Ricardo Braojos, apuesta por un cine de personajes al límite de sí mismos, soliloquios que se vuelven diálogos, ánimos depresivos que buscan alivio en la amistad. Dos artistas consolidados: Tania Olhovich e Ignacio Guadalupe, junto con el debutante Jay Sánchez, crean una historia de crepúsculos y redenciones. También, es la apuesta por un cine veracruzano que se escapa de las lógicas de producción centralista.
El inicio ha tenido su estreno en la Cineteca Nacional en el mes de junio. A propósito de esta puesta en pantallas, platicamos con Ricardo Braojos sobre la playa, la mística de los actores y la poesía del blanco y negro.
En varias entrevistas has dicho que el origen de El inicio fue la locación, Playa Juan Ángel. ¿Qué te atrajo de esta locación para imaginar una película?
Es un lugar extraño, evocativo, y fue verlo y la sorpresa de decir: ¿cómo existe un lugar así? Un lugar decrépito, de ciencia ficción. Eso me generó la sensación de que ahí pasa una historia.
Yo sabía que la película empezaba cuando Pilar llegaba a la playa, pero no sabía qué pasaba después. Conforme fui desarrollando el guion me fui encontrando con lo que podía aterrizar. Sabía que mientras más neto fuera, mejor iba a conectar con el público. Y sí, hay muchas cosas personales. A veces me han preguntado quién soy y respondo que soy Pilar, soy Juan, soy Miguel; y que también no soy Pilar, ni Juan, ni Miguel. Hay algo de mí en todos ellos.
¿Cómo reclutas a Tania Olhovich e Ignacio Guadalupe, que ya tienen una trayectoria reconocida, junto con el joven actor Jay Sánchez?
El primero que se subió fue Jay, que fue mi alumno. Tengo una escuela de cine sui generis, el Foro Iberoamericano de Estudios Cinematográficos, ahí doy educación popular cinematográfica. No tiene un espacio físico y no siempre está funcionando, pero armamos proyectos, yo consigo financiamiento y doy cursos gratuitos de cine. En un proyecto que se llamó Historias de Ciudad Xalapa, de 2018, llegó Jay y se volvió mi alumno estrella, les planteé un primer ejercicio, Jay presentó su pitch e hizo su primer corto.
Estudió actuación, siguió apareciendo y me dijo que quería actuar. Lo invité a que hiciera el personaje de Miguel, pues mucho de Miguel es Jay. Demostró compromiso y ganas de trabajar y creo que se ve en pantalla.
A Tania la conocí cuando fuimos estudiantes del CCC en los ochenta. Nos reencontramos hacia los 2010, cuando empecé con el Foro. Retomamos por un taller de actuación que ella dio. Le propuse que fuera Pilar. Y el último que entró fue Nacho; originalmente teníamos a otro actor pero no pudimos seguir con él. Tuvimos una reunión de emergencia con Esteban [de la Llaca], quien estaba haciendo producción en línea, y ahí Nacho. A él lo había conocido hace 40 años, haciendo una tesis del CCC. Le envié el guión, platicamos en un restaurante durante tres horas y ahí quedó claro que era Luis.
¿Cómo fue el trabajo con tus actores?
Con Tania tuve encuentros presenciales, cuando le ofrecí a Pilar , ella se quedaba en mi casa, tuvimos tres o cuatro sesiones largas donde reconectamos y fuimos armando a Pilar. Con Nacho al inicio trabajé en línea. Nos reuníamos una o dos veces a la semana y ahí trabajábamos personajes.
Con Jay trabajé más, él estaba en Xalapa y pudimos hacer reuniones presenciales. La última semana estuve en locación con Jay y Nacho, trabajamos muchas improvisaciones y creamos la relación entre Luis y Miguel, particularmente cuando Luis le tira mala onda a Miguel.
El inicio es una película un tanto teatral. Estableces un espacio, tus personajes interactúan y mientras la cámara los sigue. A algunos directores no les gusta que se les hable de elementos teatrales en sus películas, otros lo abrazan. ¿Cómo te sitúas tú sobre esto?
Pretender que no haya una influencia no tiene mucho sentido, pero conscientemente no está trabajada así. Yo pensaba más en documental. Estudié realización de ficción en el CCC, pero mi carrera es de documentalista. Fue al poner la cámara cuando me di cuenta cómo sería la puesta en escena. Ciertas películas mexicanas tienen una postura muy sobria de cámara fija, pero en el ensayo general entendimos que eso no funcionaba. También, un alumno que conocí en Historia de Ciudad Xalapa, me dijo: "¿Por qué quieres poner la cámara como dijiste que no se debe hacer?". Pensé: "Yo tengo una escena y normalmente me muevo mucho. Con la cámara encuentro lo que sucede”, y eso lo resolvió todo. Es un estilo documentalista de ver la vida. Pensé que hacía un documental plus: el plus está en que puedo repetir la escena, cosa que en el documental, si no lo pescaste, no lo pescaste.
Suena razonable que tenga cierta idea de teatralidad, porque creábamos la escena y contra eso poníamos la cámara. No es una película que montáramos la escena para la cámara; primero montábamos la escena y le seguía la cámara.
Ahí debió haber una gran complicidad con el fotógrafo Esteban de la Llaca. ¿Cómo trabajaste con él?
Esteban es otro reencuentro. Fue fotógrafo en mi primer documental. Con excepción de aquella película, todas las que he dirigido también las he fotografiado. Ahora, trabajar con Esteban fue aprender a soltar. De pronto contemplaba que él hiciera la fotografía pero yo operara la cámara, porque estoy acostumbrado a hacerlo. Pero ya había escrito el guión, estaba produciendo, dirigiendo: preferí darme el chance de que no preocuparme por la cámara en el set. Fue una gran decisión, la operación de cámara de Esteban me encantó, había claridad en lo que estábamos haciendo, estábamos en el mismo lugar cuando decidió hacer la foto en blanco y negro.
El inicio es una película hecha desde el estado de Veracruz, que se escapa de las formas de producción del centro del país. ¿Cómo fue la experiencia de intentar un cine veracruzano?
Tengo grandes amigos dentro del gremio, pero en general no puedo con el gremio en general, por eso llevo treinta años fuera. En Xalapa tengo la escuela de cine, donde planteo un cine más democrático.
Para la película, de la Ciudad de México solamente estaban Nacho, Tania y Esteban. El resto de la gente estábamos en Veracruz, muchos nacieron en Veracruz, otros tienen mucho tiempo viviendo aquí. También trabajamos con personas de Playa Juan Ángel. Y si consideramos que Playa Juan Ángel tiene 91 habitantes, buena parte de la población trabajó con nosotros.
Fue un ejercicio interesante, arriesgado por mi parte, pues para muchos era nuestro primer largometraje de ficción. Tengo más de quince documentales, pero en ficción es mi primera película. Estábamos en este mundo nuevo y yo estaba apostando a muchas cosas.
Así como en El inicio tus personajes recuperan algún espacio creativo que habían perdido, tú y tu equipo recuperan este espacio creativo del cine...
Fue el inicio para muchos: para el asistente de dirección, para la gerente de producción, para quien graduó color, para los diseñadores de sonido. Pero para mí también fue interesante, porque cuando escribí la biografía de Pilar me cuestioné tremendamente; Pilar retoma la fotografía, profesión que muy probablemente no volvería a hacer en su vida. Yo también estaba en ese cambio: llevo treinta años haciendo documental, no retomaría la ficción si no me lo proponía ahorita. Por ahí viene la parte que me correspondió: encontrar el camino que quería seguir.
El inicio (México, 2025). Guión, producción, dirección y edición: Ricardo Braojos. Compañías productoras: Rústicas Producciones, Foro Iberoamericano de Estudios Cinematográficos, Xolo Films y Las Ánimas Asociados XII, con el apoyo de FOCINE. Productor ejecutivo: Alfredo H. Álvarez. Cinefotografía: Esteban de Llaca. Sonido directo: Joshua Espinosa. Diseño de sonido: Mathias Lautz y Emilio Braojos. Postproducción y asistencia de edición: Romina Baigorri. Diseño de sets y decoración: Tomás Owen. Vestuario: Zussette Rico. Música original: Alejandro Giacomán. Canciones: Alejandro Giacomán y Piedra. Elenco: Tania Olhovich, Ignacio Guadalupe, Jay Sánchez. Locación: Playa Juan Ángel, Veracruz.