‘Para que no se te olvide’, de Marcela Jabes: el duelo y las cámaras como compañeras de vida


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27 de julio, 2026

 

Por Sharely Cuéllar

 

La directora y guionista Marcela Jabes, junto con la productora y coguionista Abril Villegas, presentaron Para que no se te olvide, ópera prima seleccionada en la competencia de largometraje mexicano del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF) en su edición 29. 

La película sigue a Carmen, una joven que lidia con el duelo por la muerte de su madre grabándose todos los días en su cámara, y a una niña de 10 años que, desde el departamento de al lado, registra su cotidianidad para un padre ausente; un hoyo en el clóset conecta ambos mundos. 

Las cineastas —egresadas de la escuela Arte7 y al frente de la productora De11AM— hablan sobre la decisión de filmar con cámaras de video caseras, sobre el tiempo no lineal como tema de fondo, y sobre las referencias que las acompañaron.

 

¿Me pueden contar de qué trata la película?

Marcela Jabes (MJ): Sigue a una mujer que se llama Carmen, en sus veintes, que está lidiando con el duelo de haber perdido a su mamá. Graba videos todos los días, para mantener viva su memoria. Justo al lado de su departamento se muda una niña de 10 años con su mamá; ella también registra su cotidianidad en video, pero para su papá, a quien no conoce.

La niña encuentra un pequeño hoyo en su clóset, lo abre y a través de él llega al departamento de esta mujer. La película sigue el viaje de ambas: ese encuentro, en el que cada una se da cuenta de que graba para alguien que no está, que ya no existe, y de cómo lidian con el duelo, con esa memoria, con reconectar consigo mismas. A este recorrido lo acompaña, además, la mamá de la niña, quien está perdiendo la memoria.

En el fondo, la película responde a la pregunta "¿quién soy?", y estas tres mujeres responden a ella desde distintos lugares: la niña, desde descubrirse; la mujer, reconectando con sus emociones; y la mamá, que se está olvidando

.

Cuéntenme sobre esta decisión, en el aspecto técnico, de no recurrir directamente al celular para este registro en video, sino que recurren a la handycam.

Abril VIllegas (AV): Tiene mucho que ver con nuestra experiencia de cómo crecimos, con una camarita digital: Marce tenía la handycam desde los pañales. Entonces, darle este toque personal e íntimo era muy importante para nosotras. Marce siempre quiso contarlo a través de perspectivas, y justamente en el gran momento en que ellas se conocen, nosotros —como cámara— nos volvemos un tercer ojo: tenemos esta vista panorámica en la que escuchamos y vemos todo, ya no desde una sola perspectiva, sino de manera más objetiva.


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También, al inicio, en el tema de la ausencia —comenzar a perder la memoria, tratar de retenerla— hay cierto tono sobrenatural… 

MJ: Hace poco creía que la película iba sobre la memoria, pero hoy creo que, en el fondo, va sobre el tiempo, y sobre esta idea de que el tiempo no es lineal. No transcurre un acontecimiento detrás de otro; podemos habitar y volver a habitar momentos de nuestra vida.

Eso viene de una experiencia personal: en algún momento tuve una crisis de identidad muy fuerte, y volví a habitarme de una manera muy particular. Esa niña de ocho años que fui me habló, y para mí ese momento fue mágico; desde ahí quise contar esta historia. De eso va la película: de que podemos volver a esos momentos, de que ahorita mismo puedes estar aquí, pero también puedes estar con tu familia cuando tenías cinco años. Si cierras los ojos y tratas de recordar cómo pensabas en ese momento, puedes volver a eso. Desde ese lugar quisimos contarlo, y eso es un poco mágico: el tono va por ahí.

AV: También nos importaba involucrar las cámaras porque es la única manera que hoy tenemos para registrar el tiempo, para congelarlo. Y también, si alguien ve un video tuyo en cualquier parte del mundo, está teniendo una pieza, un pedazo de tu esencia, de tu identidad. Entonces no hay mejor manera de mostrar cómo el tiempo se congela que a través de quién graba, cómo graba, desde dónde graba, y quién ve lo que alguien grabó.

 

En parte de la narrativa encontramos personajes espejo entre la niña y la vecina: se encuentran y forman un lazo, ambas tratando de sostener el vínculo con sus madres a través del recuerdo. Platiquenme sobre esta relación.

MJ: Esos encuentros entre el antes y el después pueden llegar a ser muy mágicos. Ese vínculo es muy bonito porque la niña llega a la vida de esta mujer para mostrarle que todavía puede jugar, que todavía se puede descubrir. La niña vive su vida desde la sorpresa, que es algo que a nosotras, como creadoras, nos gusta: hacer cine desde la sorpresa.

Carmen, el personaje principal, está ensimismada, apegada a su mamá, al lugar donde vivió toda la vida con ella, muy solitaria. Esta niña viene a mostrarle que todavía puede sorprenderse de la vida. Es un vínculo muy lindo: ambas aprenden una de la otra, pero al final es la niña quien llega a la vida de esta mujer, y no al revés; es ella quien llega al departamento de Carmen, porque de alguna manera es la forma en que la hace despertar de ese letargo.

AV: Y hablando también del poder femenino, de nuestra conexión como mujeres con la historia y los personajes: vemos ahí las distintas etapas de ser mujer. Primero, ir sin miedo a nada; luego, lo que nos pasa en la vida nos va robando un poco de nuestra esencia; y, por último, saber quiénes somos, pero empezar a olvidarlo. Para nosotras era importante reflejar que este viaje interior puede empezar en cualquier punto en el que uno esté.

 

Sobre el tono y la atmósfera que se crea en la película, nos recuerda mucho al cine de Claudia Sainte-Luce, pero quisiéramos escuchar de ustedes esos vínculos con el cine mexicano y latinoamericano que se perciben ahí.

MJ: Claudia Sainte-Luce es una de nuestras inspiraciones. De hecho, cuando llegué a México, la primera película mexicana que vi fue Los insólitos peces gato (2013) y me quedé asombrada por la manera en que retrata la cotidianidad, con tanta belleza y simpleza al mismo tiempo. Dije: yo voy a hacer esto. Tenemos muchos referentes; también tuvimos maestras como Eva Villaseñor, que trabaja el documental, y cuya forma de trabajar el archivo es muy especial.

AV: También fueron una gran inspiración Michelle Garza Cervera, Tatiana Huezo y Lila Avilés —por ejemplo, Tótem: nos gustaba mucho cómo nos metemos en esa intimidad de cómo una niña convive con su familia, y cómo de repente se siente esta magia que no está explícita, pero que la niña vive—. Para nosotras, el cine mexicano hecho por mujeres es una referencia central.

También quiero mencionar a una de nuestras mentoras en este proyecto: Mariana Rondón, directora venezolana que ahora mismo está junto a Marité Ugás con Aún es de noche en Caracas (2025), y que antes hizo Pelo malo (2013); ambas son una gran dupla, y fueron una gran inspiración, además de acompañar de cerca esta película. E incluso mujeres que escriben sobre cine y nuestras profesoras en la escuela, que siempre nos exigieron retar el intelecto de lo que queríamos contar, sin perder lo que queríamos plasmar desde el corazón. Para nosotras, todas las referencias que se pueden ver en la película son inspiración de alguien que ya lo hizo antes, y que hoy nos da permiso de hacerlo.

 

Para que no se te olvide (México, 2026). Dirección: Marcela Jabes. Producción: Abril Villegas. Guion: Marcela Jabes y Abril Villegas. Cinefotografía: Dante Rendón. Diseño de producción: Ian Domínguez y Pablo Tamariz. Dirección de arte: Arianna Ramírez. Sonido directo: Alejandro Castro. Elenco: Karen Martí, Pau Menna y Samantha Castillo.

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