‘Salón de belleza’, de Nathalia Acevedo: sueños entre la sensualidad y el moridero
19 de octubre, 2026
Por: Carlos Ramón Morales
El hombre que ahora atiende a los enfermos tuvo una vida espléndida. En este Moridero, que antes fue un salón de belleza, ocurrió la alegría, el erotismo, la música; hubo sensualidad y plenitud. El hombre ahora recoge y alimenta a un grupo de jóvenes miserables, víctimas de una epidemia que pronto los matará. Afuera del Moridero hay rechazo, violencia, desconfianza ante los agonizantes. El hombre que ahora los atiende, que antes tuvo una vida espléndida, aprende una piedad que desconocía. Y es posible que entre el recuerdo de la fiesta y el presente de la muerte atisba otra forma de sensualidad.
Basada en la novela homónima de Mario Bellatin, la ópera prima de Nathalia Acevedo, Salón de belleza, crea texturas mohosas, espacios lánguidos de paredes podridas y peceras con calidad de estanque, que atrapan el presente y la memoria de un hombre que vivió amores y glorias, que ahora se erige como un ente casi mitológico que ayuda a los otros a bien morir, quizá porque desde ahí se prepara para su propia muerte.
Salón de belleza tiene el apoyo de EFICINE y ahora participa en la sección Largometraje mexicano del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia. La directora Nathalia Acevedo comparte cómo creó este universo de enfermedad y podredumbre, que también tiene cifrado el erotismo y la sublimación.
¿Qué te llamó la atención de la novela Salón de belleza de Mario Bellatin, para hacer con ella la versión cinematográfica?
Salón de belleza nace de un diálogo infinito entre Mario y yo, sin llegar a una intervención concreta de la novela. La inspiración surgió de esas pláticas que iban más allá del libro, de las reflexiones que compartimos. En la película existen interpretaciones de otras obras de Mario, pero también construcciones que creamos juntos. Mario me inspiró a desarrollar una mirada propia y la novela me permitió explorar preguntas muy personales sobre la belleza y la muerte.
Entender la realidad de las cosas puede ser algo desconcertante. Precisamente ese estado de incertidumbre permitió crear una película tan abierta, en la que existen más preguntas que respuestas; es un mundo donde todo se disuelve constantemente y no se requiere un entendimiento preciso de las cosas.
Las distintas capas de la novela me permitieron ahondar en temas de gran relevancia en nuestra actualidad, pero sin abordarlos desde el juicio: la división social, el miedo al otro, la guerra, la enfermedad.
Un mérito Salón de belleza está en la creación de su atmósfera, entre onírica y decadente, con fronteras difusas entre el presente y la memoria. Ocurre en escenas sensuales de la fiesta nocturna, como en los momentos decadentes del Moridero, con claroscuros que hacen casi divina la labor del protagonista. En esta labor habrá sido importante el trabajo de Balthazar Lab en fotografía, Nathan Parker en diseño de producción y Marcela Breton Orrala en arte. ¿Cómo trabajaste con este equipo? ¿Cómo fueron creando el universo visual de la película?
Fue una delicia trabajar con el equipo que conformamos, junto con los productores. Tuve la suerte de contar con un equipo paciente, creativo, ue supo trasladar este universo abstracto en algo tan tangible y, al mismo tiempo, fantástico.
Las pláticas con Balthazar giraban muchas veces en torno a cómo crear un mundo que fuera a la vez sofocante y bello. Nos interesaba construir un ritmo visual constante, casi hipnótico.
El diseño de producción, a cargo de Nathan y Marcela, nos daba la libertad de improvisar en el set. Los elementos que necesitábamos estaban siempre presentes, nos permitía descubrir cosas nuevas durante las tomas. El agua y la humedad, por ejemplo, eran fundamentales. Queríamos sentirnos dentro de una pecera habitada por estos huéspedes, que iban y venían.
En la actuación destaca el protagónico de Sam Louwyck, que sabe transitar por varias facetas, desde una sensualidad indolente, un narcisismo de gaystar, hasta la caridad cargada de dolor o de indolencia. ¿Cómo trabajaste con él para sacar adelante al protagónico de la película?
Nunca quise convertir a nuestro personaje principal en un héroe. Al contrario, se acerca más a la figura del antihéroe; se contradice constantemente en sus reflexiones y acciones. En ese sentido, es profundamente humano. Al mismo tiempo, hay momentos en los que parece encarnar una figura casi mitológica, un semidiós inmortal que ejerce un enorme poder sobre la vida de sus huéspedes.
Sam supo encarnar estas contradicciones sin necesidad de pronunciar palabra alguna. Trabajar con él ha sido una gran experiencia. Es una persona increíblemente generosa, paciente y de gran escucha.
La ciudad donde ocurre Salón de belleza es anónima porque la trama busca un significado universal, pero me parece interesante saber cuál fue la locación (de pronto parecía alguna ciudad brasileña o del Caribe) ¿Cómo fue apropiarse creativamente de este espacio para convertirlo en un personaje?
Construimos esta ciudad imaginaria filmando en tres ciudades distintas: Manzanillo, la Ciudad de México y Nápoles.
La idea era crear una ciudad ficticia o una especie de isla donde los tiempos se sobreponen y conviven, desdibujando los límites entre épocas y realidades.
Cuando se publicó la novela de Bellatin, se habló de sus resonancias con la epidemia del VIH/SIDA. Han pasado décadas pero el temor a las epidemias y la intolerancia a los enfermos permanece, como se vivió con el Covid. ¿Pensabas en esta actualidad de las pandemias y sus víctimas al filmar Salón de belleza, o acaso remitías otras formas de enfermedad, rechazos y cuidados que estamos experimentando en los años 2020?
La novela hoy en día es más relevante que cuando se escribió, en los años noventas. Con la crisis del covid, vivimos un cambio de paradigma inmediato y profundo. Entendimos esa emergencia de buscar otro tipo de solidaridad y relacionarnos con los demás. Estamos siendo testigos de un debilitamiento de las instituciones y de una creciente sensación de impunidad frente a las acciones de quienes nos gobiernan; los gobiernos pueden hacer lo que quieran sin ningún tipo de repercusión. Existe una inseguridad global y con ello una necesidad enorme de crear otro tipo de comunidad.
Salón de belleza habla precisamente de una pequeña comunidad que se organiza para defenderse de un mundo hostil.
Salón de belleza (México, 2026). Dirección: Nathalia Acevedo. Producción: Paulina Valencia. Guion: Nathalia Acevedo y Diego Sepulveda. Cinefotografía: Balthazar Lab. Compañía productora: Kintsugi Cine, con el apoyo de EFICINE. Locaciones: Nápoles (Italia); Manzanillo, Colima, Ciudad de México (México). Reparto: Sam Louwyck, Simone Bucio.