‘Valle de México’ de Rubén Gámez: así se recupera el pasado de una ciudad
29 de octubre, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Valle de México, cortometraje documental de Rubén Gámez de 1976, inicia con una numeralia que tiene gusto retrofuturista. Habla de 12 millones de habitantes en lo que ahora llamamos la zona metropolitana: 1734 nuevos habitantes cada año y 15 nacimientos por minuto. E imagina 40 millones de personas para el año 2000.
Pero las cifras dicen poco frente a las imágenes: pisadas de zapatos y zapatillas, mercados y banderas de futbol, aviones o imprentas de libros. Cada habitante de esta región con sus pensamientos, sus sabores, sus miradas, su urgencia de habitar el centro del país. De esto trata Valle de México.
Esta pieza podría verse como secuela de la legendaria La fórmula secreta, que diez años antes filmó Gámez. Pero lo que en 1965 fue el tránsito del campo a la ciudad y la mirada irónica al cosmopolitismo, acá es el asombro de una ciudad que se desborda, de la avalancha que es la explosión demográfica;la épica y la catástrofe de un territorio que se precipita a una modernidad improvisada.
Creado desde Centro de Producción de Cortometrajes (CPC) y con una nueva restauración, Valle de México se convierte en una experiencia inmersiva por el México de los setenta: por su prisa, su caos y su urgencia.
La restauración de un documental experimental
El Acervo Cinematográfico del IMCINE resguarda el material del Centro de Producción de Cortometrajes (CPC), que cuenta con unas 266 producciones. Entre ellas, Valle de México, de Rubén Gámez, que la coordinadora del acervo, Mezli Silva, lo describe como un collage de imágenes de los años setenta de la Ciudad de México. “No hay ningún documento relacionado con la producción del corto. Lo único que tenemos es el negativo y algunas copias positivas”.
Para esta restauración, que se realizó desde el Programa de Digitalización y Restauración del IMCINE, se revisaron todas las copias que se tenían de la película. En el acervo de la Cineteca Nacional se encontró una copia positiva, que estaba en mejor estado. “El trabajo es del Imcine, pero los procesos de restauración de sonido y de imagen se realizaron en Estudios Churubusco”, puntualiza Mezli Silva.
Para la creación de este cortometraje, Gámez utilizó como banda sonora algunas canciones del disco The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, así como la versión extendida de Love to Love You Baby de Donna Summer. “Es una película de archivo de los años setenta”, explica la coordinadora del acervo. “No sabemos si en el México de 1976 era tan minuciosa la aplicación de los derechos de autor, ni si Gámez la buscó. Lo que nosotros estamos haciendo es restaurar una obra de aquella década, en su contexto específico: una película de archivo que se realizó desde la corriente experimental, en un marco en el que los creadores y sus obras no estaban tan atentos o desconocían estos derechos".
Valle de México, de Rubén Gámez, como otras películas realizadas desde el Centro de Producción de Cortometrajes, tendrían un primero propósito informativo, en el que los cineastas hacen su muy libre interpretación. “El CPC era un espacio creado por el Estado para promocionar al Estado. Eso no fue una limitante para los realizadores y las realizadoras, para que también pusiera ahí su visión y mostraran de forma subversiva las prácticas del Estado. Tenemos películas gubernamentales, algunas más formales que otras, como informes de gobierno, pero otras tienen una libertad estética, como este cortometraje de Gámez”, explica Silva.
Y desde esa búsqueda estética, destaca la representación de espacios como la Central de Abastos, el tráfico en las calles y el bullicio de los mercados ambulantes. “Es revisitarnos, encontrarnos y saber que somos parte de esa historia. Muchas de estas obras del CPC hablan de eso, de qué hacía el gobierno con miras al futuro”.
El sonido de Valle de México: un silencio que podría ser un error
Felipe Alejandro Meléndez Ochoa estudió ingeniería en comunicaciones y electrónica en el Instituto Politécnico Nacional, con especialidad en acústica, y lleva 28 años en el departamento de sonido de Estudios Churubusco. Desde ahí trabajó con la restauración del Valle de México de Gámez.
“Me di cuenta que es un falso estéreo”, describe Felipe. “Aunque hay dos bandas de información, en estas bandas hay lo mismo, no hay sonidos que se puedan diferenciar. Eso ya te crea ciertas consideraciones técnicas para tratarlo.”
Felipe hizo limpieza con plugins Izotope RX y reductores de ruido. “Hicimos tres limpiezas en la película. A la tercera me doy cuenta de que se le fueron los ruidos de fondo, pero también los graves. En cada pasada limpias cosas, pero se van otras también”.
Al nuevo sonido, con tonos más agudos, había que regresarle frecuencias bajas que recuperaran tonos graves. “Empiezo a suavizar mediante ecualización y con compresiones limitadoras para suavizar medios y agudos; en otros canales edité para regresarle algunos graves”.
Pero acaso el gran aprendizaje de Felipe Meléndez vino cuando revisó el sonido en la sala THX de Estudios Churubusco y el silencio le hizo ruido. “Hay dos silencios intermedios que totalmente limpios sonaban a error. El sonido analógico conserva todas las frecuencias en su grabación y deja un ruido de fondo característico. Entonces decidí regresarle tantita mugre, el perfume sonoro de esa época del analógico. Había que regresarle un poquito de ese ruido, pero controlado, incluso ecualizado, con reductores de ruidos aplicados”.
Las imágenes de Gámez: la bandera del América y el vuelo suave de un avión
Guadalupe León lleva quince años realizando distintos procesos de restauración; ha colaborado con Cineteca Nacional, Filmoteca de la UNAM y Estudios Churubusco. Con Rodrigo Moreno han creado el proyecto Haluro de plata, enfocado en la restauración digital.
“Valle de México es una película que ya había visto y siempre la había visto virado al rojo”, explica la restauradora. “Era un problema del material, por su degradación. Cuando íbamos a digitalizarla teníamos el negativo del IMCINE, pero en Cineteca encontraron una copia en acetato, en mejores condiciones. Nos prestaron el material para restaurarlo.”
Guadalupe León detalla que Valle de México se digitalizó en 5K a 10 bits. Se restauró con el software Phoenix; la restauración de color se hizo con el software Da Vinci. “Aunque el material estuviera en mejores condiciones, seguía virado y avinagrado. La copia tenía mucha inestabilidad. Hay secuencias, como la pista de aterrizaje, que se mueve muchísimo el avión; aunque hay un movimiento natural porque es cámara en mano, aun así se mueve. Esos materiales se estabilizaron cuadro por cuadro. No para dejarlo en toma fija, porque no es su naturaleza. Mantuvimos la parte orgánica del movimiento”
La copia de Valle de México tenía pegaduras, polvo, scratch, rayas. “Tiene muchas texturas”, describe León: “está la Central de Abastos, coches, la gente camina y eso es importante para el ojo de la restauración, porque esos movimientos sugieren qué filtros semiautomáticos se ponen. Muchas cosas se tienen que limpiar cuadro por cuadro, porque tanto movimiento puede causar ‘artefactos digitales’. Si hay personas corriendo, el flicker puede hacer halos de luz y a eso le llamamos artefacto digital”.
La restauración de color estuvo a cargo de Rodrigo Moreno, quien tuvo el reto de recuperar los colores de la Ciudad de México en los años setenta. Para ello, tomó como referente una bandera del equipo de futbol América. “Es el amarillo que conocemos”, explica Guadalupe Léon, “recuperas ese color, ese tono y solito se van recuperando los otros. El amarillo dio la pauta de cómo tomas los elementos para hacer una restauración de color”.
Y desde ahí viene la transformación de un archivo histórico a la experiencia sensorial que ahora es Valle de México: “los colores se ven: el amarillo del estadio, los vochitos verdes, carros rojos, para esto también colabora la estabilización y la limpieza en general. Ahora veremos una versión más limpia, una mejor inmersión en pantalla. Creo que ya existe un diálogo más directo con la película, que es lo importante en estas restauraciones”.
Valle de México: rescatar una ciudad del pasado para las miradas actuales
Mezli Silva cuenta que hasta el momento se han digitalizado 89 películas del CPC, y que cinco han sido restauradas. “Tenemos muchísimas joyas como la trilogía de Salvador Allende, trabajos de Luis Mandoki como El secreto y Campeche y otros cortometrajes que siguen esperando a ser digitalizados”, explica.
Para Felipe Meléndez, el sonido es el 50% de una película. “En la restauración de las películas rescatamos no solamente que se oiga mejor, también las tecnologías de antes tendían a ser más agudas, tenemos que salvar ese sonido con las herramientas actuales. Respetamos el espíritu, las decisiones, la creatividad del director”.
“Lo importante es que la película vuelva a estar en el registro del público, que de nuevo hable, y ahí viene esa sensibilidad de la que nosotros somos parte”, describe Guadalupe León. “Es una película que se va a quedar ahí y queremos que después de restaurarla vaya a muchos otros públicos, donde se abran los diálogos”.
Valle de México (México, 1976). Dirección: Rubén Gámez. Compañías productoras: Centro de Producción de Cortometraje, Banco Nacional Cinematográfico. Fotografía: Rubén Gámez. Edición: César Sanchez, Ramón Quezada. Restauración a cargo del Acervo Cinematográfico del IMCINE, con la colaboración de Estudios Churubusco. Restauración digital: Guadalupe León. Restauración de color: Rodrigo Moreno. Restauración de sonido: Felipe Alejandro Meléndez Ochoa.
Imágenes: Cortesía Guadalupe León - Haluro de plata