‘Mex-I-Can’, de Emma González: dos mexicanos y su sueño olímpico del biatlón


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27 de julio de 2026

 

Por Sharely Cuéllar

 

La directora Emma González y el cinefotógrafo David Malpica presentaron Mex-I-Can en el Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF) 29, documental que sigue a Raúl y Christopher, dos mexicanos radicados en Austria que se propusieron clasificar al biatlón de los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022 sin experiencia previa en ese deporte. 

En esta entrevista, González y Malpica hablan del origen del proyecto, de los retos técnicos de filmar en la nieve, de un rodaje dividido en dos etapas por la pandemia, y del apoyo de IMCINE a través del FOCINE para concluir la posproducción de la película.

 

¿Me pueden contar cómo fue realizar esta película, desde el lado de la producción?

David Malpica (DM): La película la empezamos en 2021. Emma y yo somos pareja; en algún momento ella me presentó a su primo Christopher en una boda y platicamos toda la noche. Nos contó de su vida en Austria; a mí me atraía la idea de ir y conocer la nieve. Luego vimos que él estaba metido en todo el proceso del biatlón, y con Emma dijimos: vamos a ver qué pasa.

En cuanto a la fotografía, la verdad es que nunca había fotografiado en nieve, y es un tema bastante complejo que pudimos resolver gracias a amigos fotógrafos ,que ya habían pasado por eso. Se logró, con todas las dificultades que conlleva filmar en la nieve y con deportistas. Fue una experiencia increíble.

 

Pareciera que, conforme vamos conociendo a los personajes, todo sucede de manera improvisada, como si nada hubiera sido planeado. Sin embargo, sabemos que tanto para un deporte de alto rendimiento como para hacer cine se necesita un compromiso que va más allá del talento: la disciplina. Cuéntenme sobre eso.

Emma González (EG): Totalmente. Ellos, conforme aprendieron el deporte, entendieron que necesitaban mucha disciplina, cuidarse, comer bien, hacer ejercicio. Y cuando fuimos a filmarlos para nosotros también era como un deporte, porque implicaba estar horas en la nieve. Pero aprendimos mucho de ellos, de su forma de abrazar la incertidumbre —es una frase que ellos repiten todo el tiempo—, porque al final fueron las ganas de habitar el proceso de llegar a algo.

Para nosotros esto también fue uestro propio Mex-I-Can, porque vivimos el proceso de hacer una película fuera del país, sin saber si la íbamos a terminar. Fue algo que se fue construyendo poco a poco, y ahora estamos aquí.

 

David: también un proceso en el que conviven ambientes y tiempos distintos. ¿Cómo fue integrarse a condiciones tan diferentes? ¿Cómo encontraron el método para narrarlo sin perder congruencia narrativa?

DM: Al principio, equivocándonos. Fue una cosa de prueba y error, de dejarnos llevar. Emma y yo tenemos bastante experiencia en documental, pero nunca habíamos filmado en latitudes europeas ni habíamos salido del país. Lo que sí ayudó fue que Raúl y Christopher ya tenían una relación de amistad con nosotros, y esa cercanía se fue fortaleciendo. La película termina siendo, una historia de cuatro amigos. Cuando la vean van a notar —como nos decía Marlén Ríos-Farjat, la editora de la película, que es increíblemente buena— que hay que respetar eso: que estábamos ahí, presentes con ellos.

Ellos nos ayudaban a romper el hielo con los demás atletas. Vivíamos entre la casa de Raúl, la casa de Christopher, a veces en hoteles, a veces Airbnb. Comíamos juntos, íbamos al mercado juntos; de repente yo cocinaba, Emma hacía el agua, ellos el café. Se volvió una rutina: ellos, deportistas; nosotros, cineastas; y todos cabíamos en un mismo coche.

Para la fotografía, el mayor reto fue que los lentes se condensaban: adentro había calefacción, afuera humedad y nieve. Como no teníamos mucho dinero, usábamos calcetines calientes amarrados a los lentes para que no se empañaran, o de plano yo me quedaba afuera y filmaba desde ahí —hay muchas secuencias donde estoy afuera, hago zoom y ya estoy "adentro" de la escena. Emma dirigía, pero también hizo el sonido directo. Era cosa de estarnos cuidando los cuatro: nosotros aprendimos de su disciplina deportiva y ellos aprendieron de los procesos de filmación. Fue muy lindo filmar así; nos convertimos en una pequeña familia, al grado de que llegó un momento en que ellos ya ni sentían que estábamos ahí, y eso nos permitió estar muy cerca todo el tiempo.


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Cuéntenme sobre el proceso de conseguir los recursos para hacer esto realidad. El rodaje coincidió con la pandemia, pero también está el retomar un proyecto ya iniciado y ver de qué manera concretarlo.

EG: Sí. Financiar el proyecto fue bastante complejo, porque es un documental independiente. Nos tocó en pandemia. Primero entró la productora Mitzuko Villanueva, quien nos dio un primer apoyo, con el que pudimos filmar la primera etapa de la película en 2021. Pero por la pandemia tuvimos que parar el rodaje y regresar a México; también nos quedamos sin dinero.

Después entramos a Plataforma MX, de DocsMX, hicimos una ruta de desarrollo de la película y la fuimos presentando a distintas entidades y productores y así pudimos financiar la segunda etap. Llegamos con Panasonic, Lebraz y Cine 72, a quienes les gustó el proyecto y decidieron apoyar. Con ese respaldo pudimos ir en 2024 a filmar todo lo que nos faltaba.

Al regresar enfrentamos un nuevo proceso para conseguir financiamiento para la postproducción. Ahí entró IMCINE, con el FOCINE: aplicamos, fuimos beneficiados, y pudimos terminar en 2025 la posproducción de la película.

 

Mex I Can también es una película que se asoma al lado humano de la adversida. ¿Cómo fue enfrentar esta parte, tanto de su lado (en producción) como del de ellos?

EG: Maduramos juntos con la película. Dividimos el rodaje en dos etapas: en la primera, en 2021, apenas estaban aprendiendo, apenas empezaba el camino hacia las Olimpiadas. Pero cuando regresamos, ellos ya tenían otro proceso: ya eran papás, ya habían madurado muchas cosas dentro del biatlón. A nosotros nos tocó aprender a decir: "bueno, lo que teníamos pensado ya no aplica, ¿cómo resolvemos y replanteamos ahora el documental?". Fue interesante, porque entendimos que también se puede madurar como adulto.

 

David, seguramente hubo cambios internos en el equipo, personas que ya no regresaron, enfrentarse a un mundo distinto. ¿Cómo fue convivir desde la producción con todo esto?

DM: Al principio estábamos en resistencia: llegó la pandemia y nosotros seguíamos pensando "vamos a filmar, no pasa nada, hay que salir de esta". Y de pronto, pues no: también vivimos una especie de duelo entre las dos etapas.

Cuando volvimos para la segunda etapa, entramos en un periodo más "azul" —como en el arte de Seefeld, donde ellos esquían, y los uniformes cambian de rojo a azul, a un tono menos festivo—. Christopher entró en una etapa de crisis física, personal, existencial, y nosotros veníamos de ese momento familiar, ya en la pospandemia. Por eso filmamos esa segunda etapa con un tono más solemne.

Técnicamente maduramos: para entonces yo ya conocía la nieve, ya no iba "disfrazado de astronauta"; entendía que, si iba a estar en movimiento, no podía cargar tanta ropa de nieve. La primera etapa fue más de cobertura general, y eso me ayudó a mejorar técnicamente para la segunda, que es más estable. En la primera trabajé con ópticas fijas; en la segunda, la gente de Leica nos consiguió un zoom muy bueno —pesado, pero mucho más rápido—, así que nos movíamos con más agilidad y estabilidad. Esa segunda etapa es, en ese sentido, una etapa de estabilidad, madurez y reflexión; hasta el color y las texturas lo reflejan, con un cambio sutil que trabajamos con Isis, nuestra colorista.

En cuanto a la posproducción, la verdad es que casi no la planeamos: nunca nos detuvimos a pensar si teníamos los recursos o no. De repente nos llegaba algo de dinero y era: "compremos los vuelos con ocho meses de anticipación para que salgan baratos"; llegábamos allá con un colchón inflable. 

Preproducíamos poco y llegábamos a filmar sin considerar lo difícil que sería después la posproducción. No lo pensamos hasta que llegamos a esa etapa y de pronto dijimos: "esto va a ser carísimo, no vamos a terminar esta película". 

Ahí entró IMCINE: el empujón extra que necesitábamos para terminar dignamente el proyecto nos lo dio el FOCINE. Con ese apoyo pudimos pagar en Estudios Churubusco un buen diseño sonoro y una buena mezcla, Isis pudo terminar el color, el diseñador de sonido, Alejandro, pudo dedicarle el 100% a su trabajo, y el músico, Eduardo, hizo un trabajo extraordinario junto con Emma. 

La película cerró muy bien gracias a ese apoyo, y creo que eso se nota: hay una manufactura final que permite que la película se vea como se ve.

 

Mex-I-Can (México, 2026). Dirección: Emma González. Producción: Emma González y Mitzuko Villanueva. Cinefotografía: David Malpica Sosa. Edición: Marlén Ríos-Farjat. Con la participación de: Christopher Gomez y Raúl Antonio Figueroa.

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