´El baile de las ánimas´ de Ramón Llavén: los difuntos bailan con nosotros


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Entrevista con el director Ramón Llavén, el fotógrafo Francisco Herrera y el productor Eduardo Navarrete.

 

23 de octubre, 2026

Por Carlos Ramón Morales

 

En el Valle de Etla, en Oaxaca, el 1° de noviembre se recuerda a los difuntos de la comunidad, con una fiesta que se distingue de otras que se realizan en el país. La Muerteada concentra una fuerte carga simbólica, en la que ocurre el baile, el teatro y la consolidación cíclica del pueblo.

Ramón Llaven ha participado en La Muerteada desde niño. Y desde que eligió el cine como forma de expresión, le ha obsesionado registrar esta fiesta y compartirla con el público, pero más importante, con la gente de su comunidad.

El baile de las ánimas, ópera prima de Ramón Llaven, en su manufactura rescata esta celebración y acaso consigue algo más: propone la radiografía de Valle de Etla, con sus saberes, sus tradiciones, su metafísica: con el dolor por quienes han desaparecido y la certeza de que bailan junto con los vivos.

El baile de las ánimas, que cuenta con el apoyo de FOCINE, participa en la sección Documental Mexicano de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia. Platicamos con Ramón Llaven, con el fotógrafo Francisco Herrera y el productor Eduardo Navarrete sobre este compromiso de registrar la muerte, la vida, pero acaso más importante, el espíritu colectivo de su región.

 

¿Qué distingue a la Muerteada de Valle Etla, Oaxaca, de otras celebraciones que se dan en el país durante por el Día de Muertos?

Ramón Llaven (RLL): Es una celebración alegre para recibir a los muertos. Al inicio hay una obra de teatro donde se cuentan los chismes del pueblo, cosas chuscas o alocadas que hayan pasado en la comunidad. Muchos turistas llegan y no entienden esta parte, pero los originarios de los pueblos se la pasan riendo.

Se celebra el Día de Muertos pero también es la celebración de la vida. Para nosotros es muy importante la fecha, más que otras del año.  

Francisco Herrera (FH): Se vuelve un tiempo largo para bailar, son doce horas bailando ininterrumpidamente: danzas con los familiares fallecidos, que regresan en esas fechas. Pero coincido en que también surge esta algarabía por festejar la vida.  

 

¿Cómo nació la idea de llevar La Muerteada al cine?

RLL: He sido partícipe de La Muerteada y quería retratar la sensación que tenemos después de bailar durante tantas horas. En tiempos previos a la pandemia escribí sobre esta creencia que tenemos sobre el 1° de noviembre, cuando regresan los muertos y ven el mundo que habitas. Escribí lo que a mí me gustaría hacer, cómo me gustaría que me celebraran si estuviera muerto. Me preguntaba: ¿A qué lugares iría? ¿Qué gente visitaría?

En el documental se ven lugares, escenas y cosas que a me tocó vivir cuando viví en mi pueblo, porque salí de Oaxaca hace más de diez años y acabo de regresar.

A la señora Julia, la espiritista, la conocí cuando era niño. Recuerdo que un espíritu habitaba su cuerpo y que podía curar a la gente, o que podía tener acceso a información que los mortales no tenemos. Se cruzaron esas ideas y de ahí surgió El baile de las ánimas,  que antes se llamaba Flores en el valle.

 

Una cámara registra una serie de personajes emblemáticos de la comunidad, mientras otra cámara sugiere una presencia espiritual, con imágenes a ras de suelo, o tomas aéreas, no hay tomas exactas sino que una vorágine visual. ¿Cómo construyeron estas imágenes?

FH: El lente Petzval tiene un bokeh muy característico, que desenfoca hacia las orillas en forma de círculo. Pensé que no todo tenía que estar en foco, eso da fluidez con la cámara, para moverla más fácil. No es una cuestión técnica, es más una búsqueda de lo inmersivo, donde las imágenes te hagan sentir que estás en ese lugar. Los drones no tienen esa óptica, pero todo en conjunto funciona.

El espectador advierte que este espíritu observa, que baja, y Ramón también quería que el dron se moviera hacia los lados. Esto forma el lenguaje de un personaje: las tomas son el espíritu que regresa en el Día de Muertos.


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El baile de las ánimas tiene una elección de personajes, entre presencias vivas y otras que han dejado este plano de vida. ¿Cómo fue esta búsqueda de personajes?

RLL: Uno de los personajes tenía que ser la señora Julia, para que respondiera mis interrogantes de niño, que al final decidí no incluir por respeto al trabajo que ella hace. También quería grabar a un participante de La Muerteada. Grabamos gente entre amigos y quedó Mario. Él es un apasionado de La Muerteada, sería como un fanático del fútbol. La vive y piensa en ella todos los días; hasta lleva el conteo de cuántos días faltan.

La señora Vico, que canta con su hermana Balbina, son de otra generación. Me interesaba este perfil de protagonistas. Y por último, grabando el crecimiento del cempasúchil y la borla, las flores que se ponen en los altares y los panteones, apareció Jaime entre la lluvia, con una luz impresionante, y esa aparición fue una cosa del destino, nos gustó lo que transmite ante la cámara.

FH: Tuvimos muy buena fortuna con Jaime. Cuando lo conocimos, él andaba en bicicleta y le dimos un aventón porque ya era noche. Jaime nos preguntó cuánto le cobrábamos por grabarle un video, le contestamos que más bien nosotros lo queríamos grabar a él, porque es muy carismático con la cámara.

 

La mirada de un productor suele ser distinta, a él le toca asentar las ideas y aterrizarlas a propuestas realistas. ¿Cómo fue la experiencia de Eduardo Navarrete como productor para El baile de las animas? 

Eduardo Navarrete (EN): Fue muy especial, nos convertimos en creadores de una ópera prima. Como fotógrafo, director y productor, éramos un equipo compacto.  Y Ramón fue el director, pero también productor. También contaba en algunos momentos con él.

Siempre ha habido una conversación abierta de amigos para comentar cosas que nos gustan, o sentimos que faltan. No fue de jerarquías, como sucede en otros proyectos. Juntos nos retroalimentamos sobre qué podía funcionar mejor.

 

El baile de las ánimas habla de un festejo, pero también hay lamentos y pesadumbres. ¿Cómo construyes estas circunstancias que complementan la fiesta que estás presentando?

RLL: Yo pertenecí a un grupo de amigos, algunos nos fuimos del pueblo, otros quedan por acá. Cuando falleció nuestro amigo Ricardo fui el primero en llegar a su casa y me encargué de hacer el ritual que se acostumbra acá.

Tuve un nuevo entendimiento de estos rituales, que muestran la sensibilidad en la población, porque puede parecer raro que pongas a alguien recién fallecido acostado en la tierra, viendo hacia el sol. Quise comunicar esa impresión, esas posibilidades simbólicas que después de fallecer te vuelves parte de un todo.

 

El baile de las ánimas tiene un gran final, con estas escenas de baile con mucha energía, Mario con su máscara y deslumbrando con su capa de lentejuelas… son escenas muy poderosas, ¿Hasta qué punto era difíciles de dirigir o fotografiar?

EN: Con este proyecto llevamos varios años, nos tocó la pandemia y tuvimos un largo periodo para vincularnos con las personas. Ramón generaba una relación de confianza con los participantes, entonces encontramos personas que se sentían a gusto frente a la cámara. Para cuando se filmó La Muerteada ya teníamos bastante tiempo acompañándolos en varias aspectos de su vida. Fue un gran apoyo de ellos y de la comunidad.

Nos ayudó que Ramón es de Etla y que Francisco fue muy respetuoso como fotógrafo. Ellos veían que nuestro interés era genuino. Todo se desenvolvió de una manera natural y orgánica.

FH: Yo antes le ayudé en las bodas a un amigo de mi papá, que era fotógrafo de sociales. En una fiesta la gente celebra y uno tiene que ver cómo se integra con su cámara. No los grabas con una mirada cinematográfica, te integra en la festividad. Desde esa experiencia sabía dónde pararme, a qué distancia, detectas borrachos, te retiras si alguien está de mala copa, porque debes cuidar que no te avienten una botella, o que se molesten contigo.

Y también, con las visitas a Mario y al grupo de muerteros, me sentí muy arropado y cómodo retratándolos, para hacerlos ver bien en su festividad. Se heredó esa confianza desde Mario.

 

El baile de las ánimas, (México, 2026). Dirección: Ramón Llavén.  Producción: Ramón Llavén, J. Eduardo Navarrete Pajarito. Producción ejecutiva: Marc Serpa Francoeur, Ángel Sesma.  Guion: Ramón Llavén. Cinefotografía: Francisco Herrera. Diseño Sonoro: Francisco Gómez Guevara. Música: Mayra Lepró. Compañías productoras: Fata Morgana, Lost Time Media y Edudamonía FIlms, con el apoyo de FOCINE y Estudios Churubusco.  Locación: Villa de Etla, Oaxaca.

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