‘Tuvimos el deseo de romperlo todo’, de Daniel Hernández: un verano de cine y amor en La Habana
18 de octubre, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Ava quiere enamorarse. Pero también quiere que la quieran en serio, como una chica que la llevan a conocer a la familia y no como la experiencia exótica de salir con una mujer trans. Ava camina por las calles de La Habana buscando el amor pero también la identidad. Y acaso este tránsito íntimo alcance a quienes vemos su aventura en el cortometraje de Daniel Hernández, Tuvimos el deseo de romperlo todo, que se cifra entre la ensoñación de la ficción y la urgencia del documental.
Cortometraje mexicano con cadencia cubana, Tuvimos el deseo de romperlo todo transita con insolencia del juego avant garde a la experiencia íntima, de las confesiones íntimos al esbozo de una ciudad de La Habana que vive con incertidumbre los tiempos posteriores a la pandemia y al castrismo.
Tuvimos el deseo de romperlo todo participa de la sección Cortometraje mexicano documental del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia. En esta charla con Daniel Hernández hablamos del deseo, de rompimientos, de la experiencia de hacer un cortometraje con gusto insular.
¿Cómo descubriste a Ava y qué te hizo tomarla a ella como protagonista de tu historia?
Ava y yo nos conocimos en una calle de La Habana. Ella estaba en una cafetería; la vi sentada en una mesa y pregunté por ella con curiosidad genuina, me impresionó su presencia y su forma de ocupar el espacio. Nos acercamos y le hablamos, después seguimos en contacto por redes y resultó que teníamos amigos en común. Así pude invitarle a filmar algo juntas.
Entonces yo no sabía bien qué filmaría pero ella dio el primer paso. Ahí el documental empezó a tomar este camino, por su deseo de filmar y registrar lo que pasaba en el proceso.
El cine de temática LGBTQ+ suele dialogar con lo político, el activismo o la reafirmación de la identidad; tu cortometraje apuesta por una mirada íntima: el deseo, el amor y la compañía deseada. ¿Cómo surge esta elección que contrasta con la tendencia?
Si algo nos unió fue el deseo por experimentar el amor, de sentirnos amadas, de sentir ese cariño del mundo representado en la figura romántica de la pareja, del novio que nos corresponde y nos da un lugar en el mundo.
Ese deseo común nos ayudó a sortear una ciudad y un país profundamente politizados. Vivíamos la desesperanza de preguntarnos si alguien nos amaría en esos momentos de crisis.
En las decisiones que tomamos en el montaje tuvo más valor nuestro deseo por sentirnos amadas que por generar una crítica política o social sobre la crisis en Cuba. Estábamos impresionadas por lo que pasaba en la ciudad: la ciudad se quedaba vacía, no había espacios para habitar, la esperanza se extinguía en la generación joven. Todo eso fue filmado pero en el montaje nos resultó más valioso y entrañable nuestro deseo por el amor. Es decir, en medio de la incertidumbre pocas cosas te pueden sostener, y una de esas es sentirte amada y saber que alguien te piensa y te mira con ese deseo y con cariño.
Ese deseo por el amor terminó siendo el corazón de la película, y también la manifestación ideológica más importante de la peli.
¿Cómo trabajaste con Ava para hilar ciertos elementos metafílmicos y así ir definiendo la identidad visual y narrativa del cortometraje?
Tanto Ava como yo tomamos decisiones creativas frente a lo que sucede con la puesta en escena; por eso parece que hay una película dentro de la película. Hablando en términos de forma cinematográfica, esta ciudad es un lugar hostil, donde parece imposible ser una mujer trans o un hombre homosexual con deseos de amar. Nosotras respondemos con fantasía, con artilugios y juegos donde la realidad se ve trastocada, y permite cumplir este deseo, experimentarlo. En ese sentido, la forma de la película toma muchas licencias de la ficción para cumplir con lo que sus protagonistas desean vivir.
Eres un director mexicano y te rodean algunos colaboradores mexicanos, como Gal S. Castellanos o Andrea Rabasa. Sin embargo, la película tiene esencia cubana, imagino que en mucho tiene que ver los creadores locales y la participación de la La Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. ¿Cómo enriquecieron, con su creatividad, a tu cortometraje?
Cuba es territorio físico, pero también simbólico; es la primera influencia que la película recibe. En ese momento yo estaba en un proceso que no era académico ni escolarizado; era más experimental, pero finalmente formativo, donde me estaba haciendo muchas preguntas sobre el cine documental. La película cuenta eso. Esas preguntas vienen no solo de mí, sino de quienes estaban cerca de mí en la escuela, de las cosas que experimentábamos.
Me acompañaba gente cubana y todo se daba de forma pragmática. Además, la película está inspirada en el pintor cubano Raúl Martínez, de cuya obra me enamoré profundamente. En la etapa de corrección de color le mostré al productor películas que el artista hizo en los sesenta o setenta, con colores muy sólidos; era el arte pop de la época, que buscaba ser más iconográfico que narrativo. Hay un mundo de referencias y vivencias cubanas que hacen una identidad para la película.
Mi mirada como extranjero muestra curiosidad con ese espacio y esa realidad. Y al ser un director extranjero, tampoco puedo pretender que estoy viendo la misma Cuba que los cubanos, para nada sería igual.
En tu cortometraje se capturan muchas facetas de la personalidad de Ava: hay explosividad, belleza, opulencia, pero también fragilidad, incluso melancolía; ¿Cómo se relacionaba Ava con la cámara y el director para conseguir todos estos registros?
Ava es actriz, una persona con un potencial creativo tremendo. Domina mucho su imagen: ha modelado, ha hecho teatro, cine, foto fija; es muy consciente del manejo de su imagen frente a la cámara.
En algunos momentos se permitió ser vulnerable. La puesta en escena fue una herramienta importante para ambas, hubo conversaciones entre nosotras con la cámara mediando y eran muy crudas, con pocos filtros. Ella fue paciente y generosa al acompañarme en estos procesos. Tuve la suerte de encontrarme con alguien que tiene esas cualidades, que cree en la forma cinematográfica y que la entendía muy bien para crear.
Había una negociación constante con Ava. Para mí era importante no quedarme como la mosca en la pared que mira, analiza y cuestiona. Quería meterme con ella en esa montaña rusa de emociones que era buscar el amor en La Habana, durante ese verano en el que le entusiasmaba que filmáramos juntas.
El cortometraje está por estrenar en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). ¿Qué expectativas tienes para mostrar Tuvimos que romperlo todo?
Especulamos mucho sobre tener un estreno, porque siempre es una moneda al aire. Uno observa las películas como realizadores o productores, y siempre es un misterio saber qué les ven los festivales. El trabajo de distribución tampoco es un terreno en el que los realizadores tengamos gran experiencia.
Por eso fue una linda sorpresa recibir el llamado para estrenarla en Morelia, porque es un festival que como espectador me ha dado grandes experiencias. Ahí estrené mi último corto en 2020, y es muy lindo volver.
Tuvimos el deseo de romperlo todo, (México, 2026) Dirección: Daniel Hernández Delgadillo. Producción: Fernando García, Gal Castellanos. Cinefotografía: Daniel Hernández Delgadillo. Edición: Andrea Rabasa. Diseño sonoro: Rubi J. Pérez. Compañía productora: LABCAA Tomasa films, ITESO y EICTV. Reparto: Ava González, Daniel Hernández y Marcos Fernández.