'Ayer maravilla fui' de Gabriel Mariño, un relato fantástico del amor fluido

Despierta en las mañanas y no sabe si será un viejo, un hombre o una mujer. Sí sabe que Luisa, la chica de la peluquería, le despierta emociones profundas y obsesivas. ¿Cómo enamorarla, cómo crear vínculos profundos que consigan la continuidad del amor?

El relato fantástico que propone Gabriel Mariño —el ente que puede ser mujer, joven, viejo sin que pueda controlarlo— deviene reflexión sobre las relaciones de pareja y su permanencia imposible y dolorosa. 

Estrenada en el Festival Internacional de Morelia en 2017, Ayer maravilla fui se estrena cuatro años después, en un entorno que discute la identidad sexual y de género, la posibilidad del amor más allá de la limitación de nuestras apariencias. En un momento ideal para agregarse al debate sobre la identidad, los vínculos, el misterio de transformarse y permanecer.

 

 

¿Qué fue primero en esta historia, la parte fantástica
o la necesidad de hacer una reflexión sobre la soledad y el intento de conectar con alguien?

Tenía interés en hacer una historia sobre conexiones emocionales entre personas; pero el elemento fantástico nació desde el principio. Soy fan de la ciencia ficción, desde La guerra de las galaxias hasta cosas más serias como Solaris o 2001: Odisea del Espacio. Creo que la ciencia ficción o la fantasía generan preguntas sobre la condición humana y tratan de elaborarlas dentro de su
realidad. Era lo que quería: preguntarme qué pasaría si un ente cambia de cuerpo de manera incontrolable, eso permite otras preguntas como: ¿Qué tal si esta persona estuviera enamorada?, ¿Qué se sentirá despertar y ser un viejo? 

 

Estrenas cuatro años después de filmar la película, se lamenta pero también opera a favor, porque la película se agrega a los debates actuales de las identidades sexuales, o afectivas, que ahora están muy fuertes.

En mis redes sociales mucha gente la ve desde esos ojos, de alguna manera se sienten representados en esta sensación de trascender el género. En una entrevista, Hoze Meléndez dijo de manera natural y congruente: “interpreto a un personaje que ya no se siente representado por ningún género”. Nunca lo puse así pero tenía toda la razón. Esa aseveración englobó mucho del personaje y la esencia de la película. Es una conversación sobre el género fluido, las personas no binarias, que no se identifican con un género y tienen la necesidad de enamorarse, vivir una relación. Me parece interesante que la película pueda entablar esa conversación. 

 

Como espectador creo que la fotografía en blanco y negro le da misterio; como realizador, ¿qué buscabas desde esta elección?

Esta herramienta tiene un pie en la realidad y otro en la evocación. Estás acostumbrado al blanco y negro en las
fotos del diario, las fotos de los abuelos, sabes que esos hechos pasaron pero al estar en blanco y negro la representación se vuelve abstracta, le confiere una pátina que lo hace diferente. También el blanco y
negro hace que veamos con más detenimiento texturas, detalles, algunos gestos: cómo el aire mueve el pelo de uno de los personajes, los charcos, las hojas que caen. Era una manera de balancearnos entre el mundo real y la fantasía

 

Retratas una porción específica de la Ciudad de México, por los rumbos de Portales, ¿significan algo estas locaciones?

Cuando estaba filmando estaba planeando venirme a Berlín, donde vivo ahora, sabía que iba a ser mi última
película viviendo en México, entonces era una carta de despedida a la ciudad. Me centré en barrios como la Portales, la Sinatel, el Centro y otros paisajes interesantes. Desde mi película pasada, Un mundo secreto, filmé en la Portales porque ahí vivía. Eran barrios
que conocía, los caminé, les encontraba detalles y
es satisfactorio meter tus calles en tu obra creativa. La parte del Centro era donde el fotógrafo vivía, conocía esas calles, las había vivido, por eso están escogidas quirúrgicamente:. Queríamos que formaran parte de nuestro mundo cinematográfico. 

 

Tienes cuatro actores para dos personajes. ¿Cómo
trabajabas con ello, en el sentido de dar continuidad a tu protagonista?
Era un experimento porque toda la película es un experimento. Trabajamos de manera separada aunque a veces se juntaban y platicábamos del personaje, sobre todo Hoze y Rubén; Sonia es más intuitiva. Hoze estuvo muy pendiente de Sonia, cómo caminaba, cómo se movía. Rubén, el hombre más viejo, es un personaje con una cotidianidad más o menos establecida, un personaje que sabe el cambio que puede venir. Es diferente a Sonia, que por primera vez ve una ventana para tener una relación con esta mujer, y con Hoze el lente es trágico, triste. 

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Ayer maravilla fui (México, 2017). Dirección: Gabriel Mariño. Guion: Gabriel Mariño. Producción: Gabriela Gavica Marrufo, Gabriel Marño, Carlos Verástegui. Compañía Productora: UnMundo. Fotografía: Iván Hernández. Edición: Pedro G. García. Sonido: Pablo Fernández. Dirección de Arte: Erika Ávila. Reparto: Rubén Cristiany, Sonia Franco, Hoze Meléndez, Siouzana Melikian.