Los sueños que compartimos, ópera prima de Valentina Leduc, cuenta las historias de tres proyectos de esperanza, de organización comunitaria que se desarrollan en los bosques de Froxan, Galicia (España); Lûtzerath (Alemania) y Juan C. Bonilla, municipio de Puebla (México), entrelazados por el viaje inspirador de las brigadas zapatistas. Sueños que crean compromisos para resistir, soñar y recrear la esperanza: la esperanza como una forma de trazar el futuro.
Contra la retórica del miedo y la inmovilización, Los sueños que compartimos apuesta por una ética de saber mirar y empatizar con los muchos otros de nuestro planeta.
Los sueños que compartimos inicia su camino en la 20° Gira Ambulante. La directora Valentina Leduc, compartieron sus sueños alrededor de este ejercicio de resistencia, creación, de reaprehender el mundo.
Un viaje para la esperanza
Llevaba un rato con la necesidad de buscar historias esperanzadoras. Estaba harta de este discurso de que todo se arruinó y no hay nada que hacer. Entonces me enteré de que iban a viajar los zapatistas a Europa, me pareció un hecho que había que documentar.
Nos comunicamos con ellos, tuvimos su apertura para participar. El primer viaje lo hicimos con pocos recursos y ayuda de la familia y amigos; después, Eficine Producción nos apoyó. No fue una producción carísima, realmente fue guerrillera: tres años de rodaje, de seguir los procesos de cada colectivo. El último rodaje fue en el 30 aniversario zapatista, en enero del 24.
Tres movimientos comparten sus sueños
Me pareció súper cinematográfica la historia alemana, unos jóvenes que están viviendo en los árboles, como El barón rampante de Italo Calvino. Y me pareció importante que esta mina de carbón. la más grande de Europa, han desplazado a 400 pueblos y destruyó el 90% del bosque más antiguo de Alemania. El Partido Verde de Alemania decidió hacer este desalojo y romper los Acuerdos de París. Me pareció una gran historia para entender cómo los estados de todo el mundo están sometidos a las grandes empresas internacionales, y ni las comunidades, ni las historias de la gente está realmente importando.
En Galicia, los sembradíos de eucalipto han destruido sus bosques, son como la mina, y las familias salen con su sierra a quitarlos. Es un movimiento que ha logrado restaurar bosques enteros. Y en Puebla, cuando estábamos filmando uno de los aniversarios de la lucha de Samir Flores, supimos que estos pueblos habían cerrado la empresa Bonafont y me pareció impresionante. Nos invitaron a visitarlos, después nos tocó ver cómo tomaron las instalaciones y cerraron los pozos.
Con los tres movimientos creamos relaciones de amistad y confianza.
El zapatismo como articulador
En su gira por Europa los zapatistas vincularon movimientos, decían que debemos concentrarnos en lo que nos hace iguales, porque si nos ponemos a ver qué nos hace diferentes cada quien seguirá aislado con sus cosas.
Mucha gente los tiene como ejemplo, porque además llevan 30 años de autonomía. Es impresionante lo que han logrado en sus comunidades, en términos de salud autónoma, de educación autónoma, de volverse dueños de sus vidas y sus decisiones. Son un ejemplo para estos movimientos, es lo que a su manera están buscando lograr.
Una editora dirige su ópera prima
Me enfrenté a la realización desde la edición, que es una gran escuela para todos los departamentos, donde se concentra el trabajo de todo mundo y se puede aprender mucho de la narrativa. Todo el tiempo pienso en el montaje, en cómo articularlo. También aprendí mucho de trabajar con Juan [Carlos Rulfo]. Hemos hecho muchas películas juntos, yo como editora y Juan como fotógrafo. Conozco la mirada de Juan cuadro por cuadro.
Todos los rodajes, tanto en México como en Europa, los hicimos Juan y yo; Juan con la cámara, yo con el sonido. A veces, por ejemplo, en una manifestación, yo me encontraba con alguien que debía platicar para grabar el siguiente espacio y le pedía a Juan que se clavara en hacer tomas; me ayudaba tantito en la dirección porque yo tenía que producir lo que venía. Cuando llegábamos a un lugar con corriente eléctrica yo descargaba y organizaba el material. Pero realmente me concentré en la edición al final del rodaje. Me asesoraron colegas como Martha Uc y Lucrecia Gutiérrez. Fue de gran ayuda tener un interlocutor, porque editar tu propio material es complicado. Para mí fueron muy importantes sus puntos de vista.
Es una película colectiva, con mucha aportación de todos. También hubo relación con los colectivos: ellos vieron el corte final, porque para mí era importante que estuvieran de acuerdo con lo que contábamos de sus movimientos.
Juan Carlos Rulfo: narrar desde la cámara
Con Valentina tenemos 30 años de hacer cine juntos. Me gusta mucho el aprendizaje que he tenido con Vale. Cuando yo hacía En el hoyo, nuestra primera colaboración, no me había caído el veinte de que la editora me dijera: “A este personaje hay que darle más presencia”. Entonces lo veo y, desde el punto de vista de edición, tiene que ver con un lenguaje cinematográfico, y no nada más la fotografía.
Con Valentina dirigiendo trago de dar el seguimiento dramático de lo que dicen los personajes, con base en sus preguntas. Y Ahí es donde la fotografía deja de ser fotografía y se vuelve narrativa. Tienes que hacer plano abierto, luego haces tu detalle y esa multiplicidad de detalles cuenta una secuencia, esa es la cinematografía.
Un documental que inicia en 2050
La persona que habla de eso es Joám, de las brigadas deseucaliptizadoras en Galicia. Él plantea ese trabajo de imaginar el futuro por el que uno está luchando. Le parece importante trabajar este imaginario político de la posibilidad. Plantea esos ejercicios: un 2050 sin eucaliptos en sus bosques, y entonces aterriza a ideas concretas para ejecutarlas. Es una metodología política que nos ubica en los sueños y nos hace ver la película desde esa perspectiva, que queremos un mundo con más empatía entre nosotros. Me parece muy linda esta cosa medio de ciencia ficción, un futuro utópico.
Los sueños que compartimos como ética comunitaria
Estos grupos recuperan valores fundamentales de convivencia que hemos perdido. Los alemanes, por ejemplo, en las asambleas que tienen mientras desayunan, se plantean el racismo, por ejemplo, que tienen integrados dentro de sí mismos, o el machismo o el patriarcado, se revisan a nivel individual para derribar esto que forma parte de nuestra educación.
Y ellos están en este proceso, los gallegos, los alemanes y en Puebla, hay todo un proceso de llevar esto a nivel práctico. Si eso está en la película es porque eso es parte de ellos.
Los sueños que compartimos: compartir la esperanza
La ética del documental es moverse hacia terrenos donde también convocas a la gente a que se mueva. A mí me parece importante visibilizar la crisis, pero si no trabajamos la posibilidad de salir de la crisis, estamos abonando a esa narrativa de parálisis. Me parece urgente salirnos de la parálisis y la industria del terror, que no hay futuro ni esperanza.
Vamos a denunciar, pero también hay que proponer. El cine tiene un alcance masivo, toca corazones y pensamientos. Me parece una gran responsabilidad plantear una posibilidad de contar estas historias, donde las organizaciones logran avances sustanciales en lo que buscan.
Abrir futuro, plantear futuro, de eso se trata. La esperanza está ubicada en el futuro. A mí me parece una responsabilidad como documentalista.
Los sueños que compartimos (México, 2025). Dirección: Valentina Leduc Navarro. Producción: Alejandro Springall del Villar, Bertha Navarro Solares, Carolina Coppel Urrea, Eduardo Díaz Casanova. Película realizada con el estímulo fiscal del artículo 189 de la LISR (EFICINE Producción). Guion: Valentina Leduc Navarro. Fotografía: Juan Carlos Rulfo. Edición: Valentina Leduc Navarro, Martha Uc. Sonido:Valentina Leduc Navarro, Juan Carlos Rulfo. Música: Leo Heiblum, Natalia Pérez Turner. Locaciones: Juan C. Bonilla, Zacatepec; Calpan, Puebla (México); Froxan, Galicia (España); Hambach, Lûtzerath, Colonia (Alemania)