‘Una mano bajo la nieve’, de José Esteban Pavlovich: una fábula de mar y bosque

En Una mano bajo la nieve, José Esteban Pavlovich toma como punto de partida la violencia del México contemporáneo para crear una historia entrañable y reflexiva, sobre un pescador de Bahía de Kino que debe recuperar el cuerpo de su hermano asesinado, presuntamente por el crimen organizado. 

 

Desde ahí, Fabián, el protagonista emprende un viaje que se bifurca hacia el interior y el exterior de sí mismo. Pues mientras el dolor y la necesidad de justicia lo lleva a encararse contra autoridades indolentes, el trayecto lo lleva a un reconocimiento hermoso e inesperado: la nieve en el bosque de Cananea. 

Los cines regionales empiezan a ser norma en el país. Lo más sugerente: aportan miradas renovadas de espacios, preocupaciones, formas de vida que desbordan y rebasan las añejas visiones centralistas. Es el caso de Una mano bajo la nieve, se trata de una producción sonorense que se ha filmado en la tradición reposada del western y el cine clásico norteamericano. 

 

Una mano bajo la nieve forma parte de la sección Cortometraje Mexicano de Ficción del 20° Festival Internacional de Cine de Morelia. Platicamos con su director sobre este ejercicio de contrastes: del mar al bosque, del dolor a la epifanía. 

 

Esta película fácilmente se puede comentar como una denuncia contra la violencia, pero creo que no es el tema central, que es más bien una película sobre la familia y sobre hermanos. ¿Cómo iniciaste esta historia?

El tema principal siempre fue la condición humana, más allá del México bárbaro contemporáneo; temas como la familia, el duelo, la pérdida, la irrupción de una tragedia en la vida cotidiana y cómo lo procesamos. 

Mis procesos nacen de una imagen, en este caso fue un sueño. Tuve una experiencia muy cercana a la muerte, y durante mis días en el hospital soñé que me veía a mí mismo muerto. Me pareció una imagen muy potente, necesitaba sacarla de mi organismo, pero no quería hacer algo desde la subjetividad. Entonces se me ocurrió la historia de los gemelos, uno frente al otro. Otra idea era la primera vez que conoces algo, como la nieve. Me parecía hermoso, conmovedor y entrañable. 

 

Una mano bajo la nieve, Dir. José Esteban Pavlovich

 

Tu cortometraje empieza con playa y sol, y termina con un bosque con nieve. Es un tránsito interesante. 

A mí me llaman mucho la atención los ecosistemas de Sonora, tenemos desierto, nieve y hasta estepa, pero más allá de eso me interesaban los contrastes en esta historia. 

Quería narrar un cuento en el que los paisajes y la naturaleza tuvieran mucho que ver. Me interesaban estos dos polos porque al final el paisaje se comunica con el interior del personaje. Fue maravilloso filmarlo y un trabajo físico impresionante también, porque es complicado filmar en panga, llegas mareado y con el solazo de Sonora es brutal; luego perseguir la nieve, ésta la hicimos en Cananea, el pueblo histórico donde hubo una huelga antes de la Revolución. Tuve que esperar un año para filmarla, porque la producción no alcanzó la nieve de ese año. 

Decidí cachar la nieve porque además me pareció importante que el actor principal no la conocía. Me interesaba tener su reacción natural, que viera por primera vez la maravilla de nevar.

 

Los primeros cortometrajes, sea por cuestión de presupuesto o por inexperiencia para manejar una producción, se suelen hacer en una locación, con dos personajes, algo manejable. Tú te vuelas la barda y haces un viaje total. Lo cual, más allá de lo creativo, implica un ejercicio de producción importante. ¿Cómo fueron maquinando este rodaje?

Fue un trabajo ambicioso. Fue un ejercicio de scouting en todos los sentidos, una gran preproducción y una producción larga, y un acto de inconsciencia, porque nos tiramos a la aventura sin saber bien lo que iba a resultar. Fue una serie de eventos afortunados que tuvimos y como dice la película de Iñárritu, Birdman, la inmensa virtud de la ignorancia. Fue un salto de fe.

También tenía el interés de crear un obra exuberante que respire, un microcosmos que propusiera una vida propia más extensa; desde la bahía pasando por casas, carreteras, escuelas, hasta la alta sierra. Tiene que ver con mi interés del cine como proceso y viaje en sí mismo, donde pude conocer a mayor profundidad mundos nuevos, como el de los pangeros o el de los militares.

En el proceso de producción tuve la fortuna de conocer a grandes camaradas, como Oliver Rendón y Fernando Álvarez, quienes me cobijaron en el viaje. Fue un rodaje que exigió de todo el equipo, a quienes les estoy muy agradecido, un reto físico y mental considerable: desmañadas, fríos e insolaciones. 

 

 

Más allá de las locaciones, hay un ejercicio de imagen valioso en Una mano bajo la nieve. ¿Cómo construiste tu propuesta cinematográfica?

Quería tener un acercamiento poético hacia esta historia. Situarme lejos de la típica cámara en mano que sigue a los personajes, muy documental o cinema vérité. No es mi estilo cinematográfico y quería alejarme de las convenciones. 

Elegí una cámara precisa, reposada, más clásica, con tripié, dollys, paneos, en búsqueda de una poética interior, que los paisajes y el lado pictórico tuvieran una carga enorme. Me gusta el plano reposado, influencias como John Ford o los maestros del cine estadounidense que hacían western, me fascinan porque eran como pinturas. 

Quería capturar el lirismo que hay en la vida cotidiana. Tiene un primer acto larguísimo, que la academia te diría que está mal. Son ocho minutos de un primer acto, cuando el cortometraje dura treinta minutos y entonces tendrías que hacer un primer acto de cuatro minutos. A mí no me interesaba eso. Quería salir de las formas y los moldes, crear una vida llena de placidez bucólica, para que la tragedia tuviera un peso mayor.

Eso me lleva a los contrastes: me interesa mucho el contraste en el cine, crear imágenes nuevas. Muchas decisiones se tomaron desde los contrastes. Por ejemplo, ver una escuela vacía donde está instalada la violencia. La violencia en México ha trastocado todos los lugares, entonces eso me interesaba. Ir de la playa con las manos como símbolo del hombre, y  que esas mismas manos pueden matar o pescar, apapachar o robar; muchas metáforas, al final de cuentas.

Antes de ser director he ejercido como guionista, la literatura tiene un peso enorme en mí. Y el título, que no es cinematográfico, es muy literario y lo veo más como una influencia literaria, donde no me interesa tanto que caiga el plot, sino dejar fluir, con un ritmo reposado.

 

Mucho del trabajo de tu película recae en el protagonista, Miguel Pereyda. ¿Cómo fueron armando el personaje?

El trabajo con los actores es uno de los aspectos que más disfruto, los lazos de confianza que se crean entre actor-director me parece de las cosas más entrañables del quehacer cinematográfico. También los hallazgos de los actores, que de pronto trascienden nuestra imaginación como directores. Me siento muy cómodo trabajando con actores no profesionales, aunque mi manera de trabajar con ellos está alejada de la parquedad mística bressoniana y se acerca más a un trabajo teatral donde hay mucho ensayo y se juega para perder el miedo y conectar con emociones internas genuinas.

Casi todos los actores del corto, menos Karem Momo, son no profesionales. Miguel nunca había estado frente a la cámara, él hizo el casting porque llevó a sus hijos a hacer casting. Me sorprendió su naturalidad y su desenvolvimiento y fue un salto de fe, como siempre. 

Entonces lo que hice, dos o tres meses antes fue rodar, fue ensayar y hacer juegos teatrales con los no actores para irlos preparando, para que se relajaran y pudieran hacer un trabajo interior y expresarlo correctamente. Fue divertido trabajar con ellos, hubo ensayos intensísimos. Dieron mucho de sí y espero que se refleje en pantalla.

 

¿Qué significa presentar Una mano bajo la nieve en el Festival de Morelia? 

Muy contento. Mi primer cortometraje no tuvo tanta difusión en México, a pesar de que ganamos en el Oaxaca Film Fest, fue el único festival donde se presentó en México. Este trabajo significa un crecimiento más personal en el ámbito cinematográfico. Yo a Morelia he ido como público y disfruto muchísimo. Me llena de orgullo, emoción y miedo y muchas emociones encontradas el estar ahí, compitiendo además con gente a la que admiro. Creo que el festival de Morelia es el más importante de México para que tu trabajo se vea, entonces es una maravilla.

Una mano bajo la nieve (México, 2022). Dirección: José Esteban Pavlovich. Guión: José Esteban Pavlovich. Producción: Oliver Rendón, Fernando Álvarez, Gastón Pavlovich. Fotografía: José Daniel Zuñiga. Sonido: Daniel Rojo. Música: Mabe Fratti. Dirección de arte: Andrés Paz. Reparto: Miguel Pereyda, Karem Momo, Wallace Pereyda, Stephen Pereyda, Manuel Ballesteros.