'Mamá' de Xun Sero: diálogos con la madre tsotsil

El cine tsotsil da muestra de su sensibilidad y su pertinencia. Ahora es el turno de Mamá, documental de Xun Sero. 

 

Xun platica con su madre. Aunque la charla es suave y cotidiana, su contenido es espeluznante. Mientras desgrana maíz, mientras prepara un conejo para la comida, doña Hilda cuenta una historia de vida permeada por la violencia doméstica y la misoginia, que la hizo madre soltera en una región donde esta condición es estigmatizada.

 

Con formación de periodista que ha cubierto temas de violencia, comunidad y derechos humanos, Xun Sero propone en el documental Mamá un diálogo íntimo y áspero; un testimonio que da luces sobre lo que significa ser mujer y madre tsotsil, testimonio que interpela al mismo director y a las audiencias, sobre todo masculinas, sobre sus dinámicas machistas y racistas. 

 

Pero también es un testimonio de dignidad y resiliencia, incluso de la fuerza que se logra en las redes de mujeres. 

 

Mamá de Xun Sero ha contado con el Estímulo Gabriel García Márquez en 2017, el ECAMC en 2019 y Focine Postproducción en 2021. Tuvo su estreno en el Hot Docs Festival 2022 de Toronto.  “Mis amigos bromean que es la primera película tsotsil que se verá en Canadá”, cuenta Xun Sero. “Les digo que no sé si será la primera película tsotsil, pero sí es la primera película de mi comunidad”

 

Mamá participa en la Competencia oficial del 73° Festival Internacional de Cine en Guadalajara, en la sección Premio Mezcal.

 

Platicamos con Xun sobre esta producción.

 

¿Cómo decides que este documental se trate de tu madre?

En 2016 entré a un diplomado de cine documental en San Cristóbal de las Casas, enfocado en desarrollar historias propias. No tenía una idea sólida de un proyecto pero me aceptaron porque tenía experiencia en producciones audiovisuales.

Surgió la idea de escribir una película sobre mi madre y mi tía, quienes crecieron a sus hijos en una ciudad muy racista con las comunidades originarias y hostil para las mujeres. Poco a poco tuve que ir cerrando la historia, abarcar las dos se volvía un ejercicio complejo. Al quedarme con la historia de mi madre me di cuenta que no se perdía la profundidad del tema y que, además, me permitía preguntarme qué tanto de esta violencia que existe en la sociedad la tengo yo.

Influyó que desde hace varios años participo en proyectos de comunicación alternativa y eso me permitió estar en espacios que discuten temas como el machismo y la discriminación. Eso me permitió entender mejor la violencia machista y sus consecuencias.

 

Generalmente los temas de violencia sexual y domestica son retratados en el cine por mujeres, ¿cómo te percibes tú, como hombre, al abordar este tema?

Decidí hacerlo porque pertenezco a la primera generación de tsotsiles que creció y se desarrolló en la ciudad, y me di cuenta que la mayoría de nuestras historias familiares tienen estos contextos de violencia; varios somos hijos de madres solteras.

Al poner en diálogo nuestras experiencias descubrimos que muchas de nuestras actitudes son machistas y empezamos a vivir fragmentados: por un lado sabemos que tenemos algunas conductas negativas, por otro resulta muy difícil erradicarlas, porque así fuimos educados.

En algún momento me conflictué, no quería ser otro hombre haciendo una película de mujeres, pero también es una película sobre la familia y hay muchas cosas que se deben de discutir al respecto. Así que ya me siento tranquilo, ahora espero que muchos hijos vean la película y se interesen por conocer la verdadera historia de sus madres.

 

¿Cómo preparaste las condiciones para que tu madre te contara su historia?

Cuando filmé la primera escena de la película hice una entrevista clásica; mi madre, Hilda, y yo estábamos sentados de frente, a mi lado estaba mi fotógrafo y mi sonidista, éramos tres hombres preguntándole cosas profundas y dolorosas a una mujer, esto la hizo sentir incómoda hasta que finalmente se soltó a llorar.

Este material me generó conflicto porque había una especie de revictimización y eso era lo que quería evitar. Ahí me di cuenta que mi madre nunca había hablado de la violencia que había vivido con sus hijos, pero sí lo hablaba cuando estaba con mis tías o con otras mujeres.

Volví a filmar la escena pero ahora en un entorno más natural, con ella platicando con mis tías o con otras personas. Tuvimos que asimilar que ese iba a ser el ambiente ideal para que ella se sintiera cómoda. Tuvimos que cubrir bien el sonido y ser cuidadosos con la cámara, para evitar tener la menor cantidad de tropiezos posibles; por eso a lo largo de la película hay algunas escenas medio accidentadas.

Tardamos seis años en hacer la película; conforme pasó el tiempo ella fue asumiendo que el documental no sólo era sobre su historia, también se trataba de evitar que otras mujeres pasaran por lo mismo. Entonces hubo un momento en que se convirtió en mi productora: ella convencía a otras mujeres de la comunidad en que no había nada malo en ser filmadas.

 

¿Qué piensa tu madre de la Hilda que vio en la pantalla?

En mi familia no somos muy expresivos, vimos la película y lo único que me dijo fue: “hay algunas cosas que no se contaron”. Porque mi madre ha hecho y vivido tantas cosas que es imposible abordarlo todo. Por ejemplo: ella es enfermera rural, y también fue líder de una organización de mujeres que buscaba impulsar proyectos de autosustento económico a partir de los bordados. Seguido me dice que le hubiera gustado que todo esto apareciera en el documental.

Pero ahora, cuando voy a visitarla, siempre me dice: “traete tu cámara, porque va a venir tu tía y vamos a hablar de cosas importantes”. Así que creo que le gustó la experiencia y el resultado final del documental.

 

Estrenaste tu documental en el festival Hot Docs de Toronto. ¿Qué significó para ti esta oportunidad?

Es curioso porque esta es la primera película que me empiezo a fijar en los festivales de cine y los fondos económicos. Ahora también tengo el acompañamiento de una productora, Terra Nostra Films, y cuando ellos me plantean sobre los festivales son cosas que no entiendo muy bien.

El año pasado estuve en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y varios amigos me mencionaron algunos festivales a los que aplicar. Recuerdo que uno de los que más mencionaron fue Hot Docs, así que es muy bonito saber que estoy en un festival grande e importante.

Siento que la película me ha dado mucho, en estos seis años he podido crecer como director y fotógrafo, y permitió que otros amigos y amigas de San Cristóbal que también hacen cine aprendan y crezcan más como cineastas.

Mis amigos me han dicho como broma: “Es la primera película tsotsil en Canadá”. No sé si sea la primera, pero al menos sí es la primera de mi comunidad.  

 

En Chiapas hay un movimiento fuerte de documentalistas. A propósito de tu documental recordé otras dos películas, Tote_Abuelo de María Sojob y Vaychiletik de Juan Javier Pérez, que sus temas principales también giran alrededor de un familiar cercano. ¿Crees que significa algo esta coincidencia?

San Cristóbal tiene muchas influencias antropológicas porque aquí se instalaron los primeros centros de investigación del INI [Instituto Nacional Indigenista], hicimos mucho material audiovisual que registraba y revaloraba nuestras festividades, nuestra lengua y nuestras tradiciones.

Después surge otro tipo de documentación, que tiene que ver con las guerras y el dolor sufrido a partir de ellas, con un corte más de denuncia. Ahora estamos en una etapa distinta, en la que queremos explorar temas más internos, que buscan hablar con nosotros mismos.

Por eso creo que en los últimos años han surgido varias producciones con temas más íntimos y con familiares como protagonistas.

Mamá (México, 2022). Guión y dirección: Xun Sero. Producción: Daniela Contreras, Nicolas Défossé. Producción ejecutiva: Daniela Contreras. Fotografía: José Alfredo Jiménez Pérez, Xun Sero. Edición: Nicolas Défossé. Sonido directo: Jaime Álvarez. Diseño sonoro: Martin de Torcy. Mezcla: Pablo Fernández Murguía. Colorista: Néstor Abel Jiménez Díaz. Diseñador gráfico: Adolfo López Magaña.