‘La vida es un carnaval’ de Fernando Colin Roque: el desfile de las identidades en Ixtlilco el Chico.

Vayan al carnaval de Ixtlilco el Chico, en Morelos: hay baile, comida, trago y buena fiesta. 

Vean el desfile de la Mojiganga, en el que hombres de la comunidad se visten de mujeres para hacer desfiguros y bromas al calor del alcohol.

Pero momento: en este grupo, otros hombres visten de mujeres porque esto les representa íntimamente: es un ejercicio de identidad y dignidad. 

 

La pequeña comunidad LGBTQ+ de Ixtlilco ensaya formas de reconocimiento y respeto a sí mismos. Entienden que más que sumarse al desfile tradicional, necesitan pronunciarse desde una marcha LGBTQ+ seria, con las implicaciones sociales y políticas que tiene.

La vida es un carnaval, de Fernando Colin Roque, acompaña a Taly, Johan y Emmanuel en esta cruzada a favor de su identidad. Pronto se une la actriz trans Dana Karvelas, quien podría enseñarles algo a este grupo sobre las manifestaciones y resistencias de la diversidad sexual. 

Más allá de la representación de la diversidad, La vida es un carnaval funciona como un ejercicio crítico y ético sobre el intento, la imposibilidad, la perseverancia por manifestar una identidad en un espacio que no está listo para esto. 

 

La vida es un carnaval participa en la selección Largometraje México de la 25 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato. Fernando nos contó sobre este ejercicio documental, con este grupo insólito de los rumbos de Morelos: un grupo que ensaya la identidad pero también, y sobre todo, el ejercicio de la amistad.

  

¿Cómo llegas con este grupo de Ixtlilco el chico y cómo decides que son material para una película?

Esta película empieza hace once años con otro proyecto en Ixtlilco el chico, que buscaba describir la identidad nacional a través de los carnavales. Ahí encontré a Taly y los otros, la comunidad LGBT del pueblo. Me pareció un contraste fuerte: un lugar donde uno se describe como hombre mexicano a través del machismo, y al mismo tiempo marchan estos chicos de la comunidad LGBT, en un marco de mucho respeto, pero al mismo tiempo festivo. Quise saber más sobre Taly y sus amigos, empecé a ir año con año a este lugar. En el lugar existen las Mojigangas, un desfile en el que los hombres del pueblo se disfrazan de mujeres para dar la vuelta al pueblo, pero Taly, Johan y Emmanuel querían realizar una marcha LGBT donde vistieran como mujeres, pero de una forma natural, propia y digna. Ellos tenían un proyecto más ambicioso e interesante, envuelto de muchísimas contradicciones. 

La vida es un carnaval busca retratar esto: una lucha, un propósito por crear algo nuevo en este pueblo, porque esta marcha gay es la primera vez que lo veo; generalmente estas manifestaciones ocurren en ciudades más grandes, no en lugares como Ixtlilco, donde son cerca de 2000 habitantes.

 

En La vida es un carnaval muestras las condradicciones de este grupo LGBT; no solamente es su representación, también hay un ejercicio crítico, menos complaciente.

Esta película habla de la comunidad LGBT, pero habla sobre todo de seres humanos, de esta vastedad de sentimientos, de problemáticas alrededor de sus decisiones. A pesar de que todos hemos tenido proyectos, en algún momento las cosas no salen como queremos, entonces es una apertura a que podemos equivocarnos, y que equivocarse no perjudica la dignidad del individuo, nos permite ser resilientes y crecer desde una espiritualidad, una psicología y un ámbito sin duda social. 

Es lo que a mí me interesa contar aquí: cómo Taly, Johann, Dana y Emmanuel pueden ser resiliente. También es una película de esto.

 

En La vida es un carnaval aparece Dana Karvelas; una actriz que ya tiene su estatus en la comunidad LGBTQ+. Es un elemento extraño en el espacio de la comunidad. ¿Cómo llega a Ixtlilco?  

 Mi amistad con Dana es de hace muchos años, con ella ya he trabajado en un cortometraje, Dana, Carnaval y Tzompantli, que realice en Francia. Después se me ocurrió invitarla a este proceso documental, le gustó muchísimo el carnaval que ocurría ahí y las chicas de Ixtlilco hicieron una química muy fuerte con ella. 

La comunidad LGBT de Ixtlilco ya eran fans de Danna y yo no lo sabía. Esta relación ocurrió de manera natural. Entonces la invite y pasó lo que pasó después.

 

¿Cómo fue el reto del documentalista de filmar a Johan, Taly y Emmanuel?

Este proceso ocurre durante diez años. Cada año me esperaban y bueno, en el carnaval tienes que participar como un miembro más, te tienes que vestir, que bailar y que jugar para ser parte de la festividad. No es que en Itlilxco haya solamente estas tres personas, también había otras de la comunidad LGBT y los escogí a ellos quizá porque estaban ahí, unidos; hay un vínculo entre ellos y las historias ocurren de manera natural. 

Creo que el rol del documentalista está en la escucha; más allá de rodar imágenes grabamos sonido, así abordo los temas y los personajes, desde el sonido. Hubo muchísimas borracheras, pláticas con ellos y con sus papás sin imagen. Es ir con ellos y grabar conversaciones durante casi 24 horas. Y  después contar de manera natural lo que está en la vida real.

 

Ya vio el grupo el documental? 

No la han visto todavía, tampoco Dana, solamente han visto el teaser y estoy contento porque irán a la premier al GIFF, será la primera vez que la vean. Fue mi decisión que lo vieran en el cine, más bonito. 

Esta película está dedicada a Johan, quien desapareció antes de finalizar la película. Es un homenaje y un acto de amistad. Al final del día, a pesar de su desaparición intempestiva, lo que queda ahí es una memoria y un testimonio de un grupo de amigos que quieren hacer algo y que estuvieron juntos en un momento importante de sus vidas.

 

Cuando pienso en escribir sobre tu película no tengo claro si debo referirme al grupo como homosexuales que se visten de mujeres, o si son transexuales. Claro que son de la comunidad LGBTQ+ pero en específico, ¿cómo es el tema de su identidad?

En todo esto participa un proceso de deconstrucción necesario. No solamente es un tema del lenguaje; es un tema de inclusión y de poder. Creo que deconstruir los roles de género, nombrarlos, renombrarlos y volverlos a nombrar es un ejercicio que no debe finalizar. 

Dana me decía que en México, la comunidad LGBT se nombra de manera diferente en la ciudad o en el campo, porque son luchas distintas; la comunidad rural a veces no se considera parte de la comunidad LGBT, es una minoría, y eso es interesante porque no hay una definición por parte de Taly, Johan o Emmanuel. En cambio Danna se define como trans. 

Para mí son mis amigas y mis amigos.

 

 

Hace poco platicamos de tu cortometraje Yollotl, hablado en náhuatl, sobre la vida amorosa de un ahuehuete; sé que preparas otra historia que va por un tema de la conciencia de las plantas; son bloques muy distintos a éste de la comunidad LGBTQ+ de Ixtlilco. ¿Cómo se relacionan estas dos ramas en tu filmografía? 

Todavía me lo estoy intentando responder, encontrar los vínculos. La vida es un carnaval es una película de un proceso de un tiempo, la película que más tiempo me ha tomado, y por ejemplo, Yóolotl y esta nueva película (que la semana pasada terminamos la primera parte del rodaje en el norte de Galicia) hay temporalidades más cortas. Creo que el punto en común es cómo podemos aproximarnos a la realidad desde otros puntos de vista. 

Hablaba con Dana hace poco que la identidad transexual nos permite reflexionar dónde están los límites de género, pero también dónde empieza la discusión sobre las identidades de las distintas sociedades occidentales, permitirnos ver desde un punto de vista no tan antropocéntrico.

 

El ahuehuete, Taly o Dana son formas de abrir el espectro de nuestro antropocentrismo: el social, el biológico, el ambiental. 

La discusión va por allí: que es el ser humano en el siglo XXI en México. Y esto también nos falta. Es importante empezar a deconstruir los roles de género y establecer otro tipo de roles, otro tipo de de responsabilidades compartidas. 

La vida es un carnaval (México-Francia, 2021) Director: Fernando Colin Roque. Fotografía: Fernando Colin Roque. Producción: Edwina Liard, Nidia Santiago. Guión: Fernando Colin Roque. Edición: Eric Mauger. Música: Sergio Gurrola, Fernando Colin Roque. Sonido: Omar Aguilar Ruedas. Diseño de sonido: Brice Kartmann. Elenco: Dana Karvelas, Taly (Everardo Quintero), Johan Benitez, Emmanuel Ortiz.